Hay una escena que se repite en la cuenca desde hace más de un año y medio. Un yacimiento histórico, un equipo perforador de fondo, el gobernador Ignacio Torres, el titular del Sindicato de Petroleros Privados de Chubut y diputado nacional Jorge “Loma” Ávila, el ministro de Hidrocarburos Federico Ponce, un ejecutivo de PECOM. Fotos, cifras en dólares, la palabra “reactivación”. Después, el silencio operativo.
La pregunta que empieza a circular en Comodoro Rivadavia, en los talleres de Kilómetro 5 y en las oficinas de las contratistas que todavía esperan cobrar, es incómoda pero inevitable: ¿PECOM vino a producir o vino a posicionarse?
La cronología de los anuncios
PECOM volvió al upstream en noviembre de 2024, después de dos décadas afuera, al calor del desprendimiento de áreas maduras que ejecutó YPF bajo el Plan Andes. Se quedó con El Trébol – Escalante y con Campamento Central – Cañadón Perdido. El número inicial que circuló fue de 200 millones de dólares.
En febrero de 2026 llegó el anuncio del programa anual: 70 millones de inversión más 110 de gasto operativo. En marzo, la puesta en marcha del perforador V-51 de Venver en Cañadón Perdido, presentada como un hito histórico —un campo sin perforaciones desde hacía seis décadas—. En abril, la recorrida por la tercera planta de inyección de polímeros en El Trébol – Escalante, con la promesa de un 20 % más de producción para fin de año y la duplicación en cuatro. En mayo, la toma de posesión formal de Manantiales Behr, con 110 millones de dólares comprometidos, un equipo perforador, dos workover, cuatro pulling y un flush by.
Sumados, los compromisos públicos rondan los 191 millones de dólares en dieciocho meses. Es mucho dinero en un titular. Es poco dinero al lado de la referencia inmediata: YPF invirtió 290 millones en Chubut en 2022 y 310 millones en 2023. El nuevo operador del principal activo convencional de la provincia planea desembolsar, en inversión directa, cerca de la mitad de lo que ponía el que se fue.
Un modelo que descansa en el opex
El dato más elocuente no está en el monto sino en la composición. Frente a los 110 millones de capex en Manantiales Behr, PECOM proyecta unos 300 millones de gasto operativo. En Campamento Central, 85 de inversión contra 100 de operación. Es decir: mucha más plata para sostener lo que hay que para crear lo que falta.
En un yacimiento maduro eso tiene un nombre técnico y una consecuencia previsible. Sin perforación sostenida y sin ampliación de la recuperación terciaria, el declino no se revierte: se administra. Se ordeña el campo, se optimiza el costo por barril, se estira la curva. Es un negocio legítimo. No es lo que se anunció.
A eso hay que sumarle un segundo movimiento, menos fotografiado: el avance de la compañía sobre un decreto de baja de regalías. Traducido, la ecuación es sencilla: el activo se adquiere en condiciones de mercado deprimido, el Estado provincial resigna ingresos para hacerlo rentable, y la contraprestación —perforar, tomar gente— queda diferida a un horizonte que se corre solo.
El saldo laboral: rojo
Acá la cuenta es la que más duele y la que menos aparece en los comunicados. En los últimos dos años se destruyeron cerca de 6.000 puestos petroleros en el Golfo San Jorge: casi 3.000 del lado chubutense y una cifra equivalente en el norte santacruceño.
PECOM no es la causa de todo eso, pero tampoco es el antídoto que se prometió. En la UTE Cañadón Grande finalizó un contrato y desvinculó personal aplicando el artículo 247, con indemnizaciones al 50 %, cuando el esquema pactado para los retiros era del 120 %. En Manantiales Behr, más de cien trabajadores quedaron bajo un programa de “retiros voluntarios” que los abogados laboralistas de la ciudad describen sin eufemismos como involuntarios. En Cerro Dragón, 254 trabajadores de su brazo de servicios pasaron a Manpetrol por el artículo 229.
Del otro lado del balance, las incorporaciones prometidas se miden en promesas: “más de 100 puestos directos e indirectos” por cada equipo perforador que suba. Los equipos, mientras tanto, siguen en licitación. El perforador de Manantiales Behr, anunciado para junio, todavía es un pliego.
Una empresa que en dieciocho meses despidió más de lo que tomó difícilmente pueda ser presentada como el motor de la reactivación del empleo.
El paraguas
Lo llamativo no es que una empresa maximice su ecuación. Es la mansedumbre del entorno.
El mismo sindicato que en marzo de 2026 declaró el estado de alerta y movilización, y que intimó a PECOM y a Santa Margarita a presentar un plan de perforación en 24 horas porque la propuesta original no garantizaba pozos, pasó en cuestión de semanas a oficiar de vocero entusiasta de los anuncios. Las recorridas conjuntas por los yacimientos, las declaraciones sobre la “previsibilidad” que aporta el capital nacional, la validación gremial de cada cifra antes de que exista un pozo nuevo: todo eso construyó un blindaje reputacional que ninguna otra operadora de la cuenca tuvo.
El Gobierno provincial aportó la otra mitad del paraguas. “PECOM invierte en Chubut porque Chubut genera clima de negocios”, sintetizó el ministro Ponce. La frase funciona en las dos direcciones: también describe por qué a PECOM le conviene, por ahora, ser el ejemplo.
El punto
La cuenca ya vivió esto. En 2016, en 2017, en 2020. Empresas que llegaron con planes plurianuales, capturaron activos a precio de campo maduro, negociaron beneficios fiscales y esperaron. Cuando el precio no acompañó, el plan se revisó. Cuando el plan se revisó, el que pagó fue el trabajador.
Nada de lo anterior está probado en el caso de PECOM. Puede ser, efectivamente, una transición ordenada de dieciocho meses y una curva que empieza a torcerse en 2027. Pero la carga de la prueba ya no está en el anuncio: está en el pozo.
El segundo semestre de 2026 es la ventana. Si el perforador sube a Manantiales Behr, si los 28 pozos de Cañadón Perdido se ejecutan, si las plantas de polímeros comprometidas para junio están operando y si la nómina deja de caer, la discusión se cierra sola.
Si no, la cuenca habrá vuelto a financiar con activos, regalías y puestos de trabajo un relato que se agotó en la foto.
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