En Chubut hay temas de los que se habla en voz baja. La minería es, desde hace más de dos décadas, el principal de ellos. Desde la sanción de la Ley 5001 en 2003, tras el plebiscito de Esquel, la actividad metalífera a cielo abierto quedó prácticamente vedada, y cada intento de revisar ese marco terminó en conflicto. El último, en diciembre de 2021, dejó imágenes que la dirigencia chubutense todavía no logra procesar: edificios públicos incendiados en Rawson, una ley de zonificación derogada a las pocas horas y una clase política que, desde entonces, prefirió esquivar el tema antes que asumir su costo.
Esa estrategia del silencio tiene fecha de vencimiento, y todo indica que coincide con el próximo mandato.
El petróleo ya no es garantía
Comodoro Rivadavia conoce mejor que nadie la volatilidad de depender de un solo recurso. La retirada de las grandes operadoras de los yacimientos maduros del Golfo San Jorge, el desplazamiento de la inversión hacia Vaca Muerta y la caída sostenida de la producción convencional no son coyuntura: son una tendencia estructural. Los pozos que hoy sostienen el empleo, las regalías y buena parte del presupuesto provincial producen cada vez menos y cuestan cada vez más.
Ningún gobierno serio puede planificar la próxima década asumiendo que la cuenca va a resolver por sí sola el problema fiscal y laboral de la provincia. Y las alternativas disponibles, como la pesca, el turismo o las energías renovables, son valiosas pero no alcanzan, por escala, a reemplazar lo que el petróleo deja de aportar.
La meseta que espera
Mientras tanto, la Meseta Central sigue siendo la región más postergada de Chubut. Pueblos que se vacían, jóvenes que emigran, economías que dependen casi exclusivamente del empleo público y de una ganadería ovina golpeada por la sequía y la desertificación. Bajo ese suelo descansa Navidad, uno de los mayores depósitos de plata sin explotar del mundo, además de otros proyectos de plata, oro y uranio que llevan años en carpeta.
La paradoja es difícil de sostener: la zona con menos oportunidades de la provincia es, al mismo tiempo, la que concentra el mayor potencial de inversión. Seguir mirando para otro lado no protege a la meseta; la condena a seguir esperando.
Un contexto que no va a durar para siempre
Argentina atraviesa una ventana de interés minero que no se veía desde hace décadas. San Juan, Catamarca, Salta y Santa Cruz consolidan su perfil; Mendoza y Río Negro, provincias con historias de resistencia comparables a la chubutense, encontraron caminos para habilitar proyectos con controles y consensos legislativos. Los capitales no esperan indefinidamente, y las provincias que lleguen tarde competirán en peores condiciones.
Chubut no puede darse el lujo de quedar como espectadora mientras sus vecinas negocian infraestructura, empleo y regalías.
No es un tema de una fuerza política
Conviene decirlo con claridad: esta discusión no le pertenece a un espacio. Gobernadores de distinto signo, presidentes de orientaciones opuestas e intendentes de todos los colores coincidieron, en algún momento, en que la provincia necesita revisar su posición. Lo que faltó nunca fue diagnóstico, sino coraje político y, sobre todo, un método.
Por eso el planteo debe trascender la competencia electoral de 2027. Quien gane, sea la continuidad del actual oficialismo, una alternativa peronista o una tercera vía, va a enfrentar las mismas cuentas, la misma cuenca en declive y la misma meseta despoblada. Convertir la minería en bandera de campaña de un sector sería el error más rápido para volver a fracasar.
Cómo hacerlo sin repetir 2021
El fracaso de la zonificación no demostró que la minería sea inviable en Chubut. Demostró que no se puede imponer a las apuradas, sin debate y sin garantías. Cualquier intento serio a partir de 2027 debería apoyarse, como mínimo, en cinco condiciones:
1. Participación real de las comunidades de la meseta, incluida la consulta previa a los pueblos originarios en los términos del Convenio 169 de la OIT, como punto de partida y no como trámite.
2. Un organismo de control ambiental independiente, con presupuesto propio, monitoreo público del agua y capacidad sancionatoria efectiva.
3. Zonificación clara y acotada que deje fuera de discusión la cordillera y las cuencas sensibles, despejando el temor de que la meseta sea la puerta de entrada a toda la provincia.
4. Un fondo de regalías con destino territorial, que garantice que la riqueza generada vuelva en infraestructura, salud y educación a los pueblos donde se extrae.
5. Prioridad de empleo y proveedores locales, con capacitación que permita a los trabajadores del petróleo reconvertirse hacia la nueva actividad.
La responsabilidad de la próxima gestión
La licencia social no se decreta ni se compra: se construye con transparencia, tiempo y resultados verificables. Eso exige empezar el primer día de gestión, no en el último año ni en medio de una emergencia fiscal.
Chubut tiene derecho a decidir cómo quiere desarrollarse. Pero decidir implica discutir, y discutir implica dejar atrás el miedo a nombrar el tema. Gane quien gane en 2027, el próximo gobierno tendrá la oportunidad, y la obligación, de abrir esa conversación con seriedad. La alternativa es seguir esperando que el petróleo dure para siempre. Y en Comodoro sabemos que eso nunca sucede.
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