URGENTE

El sur como destino: ¿pueden la minería y el petróleo descentralizar la Argentina?

La Argentina lleva más de un siglo discutiendo su macrocefalia sin resolverla. Un país de casi tres millones de kilómetros cuadrados que amontona a tres de cada diez habitantes en una franja que no llega a una milésima parte de su superficie. Durante décadas, la descentralización fue un tema de seminario, una promesa de campaña o una nostalgia de los planes de poblamiento que nunca se ejecutaron.

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El sur como destino: ¿pueden la minería y el petróleo descentralizar la Argentina?

Ahora la pregunta vuelve, pero con otro motor. Ya no la empuja un decreto ni una capital trasladada a Viedma, sino el subsuelo. Vaca Muerta bate récords de producción, el cobre de la cordillera sanjuanina y catamarqueña entra en el RIGI con cifras que hace cinco años parecían ciencia ficción, y desde el Gobierno nacional se proyecta un nuevo mapa poblacional.

La hipótesis es seductora: que el petróleo y la minería logren lo que no lograron la política ni la planificación, y que miles de familias del conurbano encuentren en la Patagonia y en la cordillera un horizonte que el Gran Buenos Aires ya no les ofrece.

La respuesta corta es que el proceso ya empezó. La larga es que no está garantizado, y que puede salir muy mal si se lo deja librado a la inercia.

Lo que dicen los números

El Censo 2022 contó 10,86 millones de personas en los 24 partidos del conurbano y casi 14 millones si se suma la Ciudad. Es el 30% del país sobre el 0,13% del territorio. Pero el mismo censo dejó una señal que pasó casi inadvertida: el conurbano creció alrededor de 9,5% entre 2010 y 2022, por debajo del promedio nacional de 14%. Por primera vez en mucho tiempo, el Gran Buenos Aires pierde peso relativo.

Del otro lado, Neuquén se convirtió en el imán más potente del mapa. Según los cambios de domicilio que registra la Dirección Nacional de Población, entre 2020 y mediados de 2026 llegaron más de 122.000 personas desde otras jurisdicciones y se fueron unas 77.500: un saldo neto cercano a 45.000 nuevos residentes. Las llegadas anuales pasaron de menos de 10.000 en 2020 a más de 23.000 en 2025. Añelo, la puerta de entrada a la formación, creció 142% entre censos.

El empleo acompaña. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, Neuquén sumó unos 12.000 puestos privados registrados, un alza de 7,1%, mientras el país perdía cerca del 4%. Fue también la única provincia donde creció la cantidad de empresas.

Un dato matiza el entusiasmo: buena parte de quienes llegan a Añelo no vienen del conurbano sino del norte, sobre todo de Salta y Tucumán. La migración energética, por ahora, mueve más al interior empobrecido que a la periferia porteña.

El imán del salario

La lógica es simple y vieja como la Patagonia: la gente va donde está el trabajo, y el trabajo mejor pago del país está hoy en los yacimientos. El presidente de YPF calcula que la cuenca neuquina necesitará unos 40.000 empleos netos adicionales hacia 2030. La producción de abril marcó un récord de casi 629.000 barriles equivalentes diarios, un 36% más que un año antes.

La minería suma su propia promesa sobre la cordillera. El RIGI ya aprobó diez proyectos mineros con más de 22.000 millones de dólares comprometidos y más de 30.000 puestos anunciados. San Juan concentra casi 13.000 de ellos, con Los Azules, Josemaría y El Pachón como banderas. Catamarca acaba de sumar Agua Rica, el proyecto de Glencore que, junto con la reapertura de Alumbrera, apunta a producir más de 200.000 toneladas de cobre por año.

Desde el Gobierno nacional, Federico Sturzenegger se animó a ponerle cifras al futuro: un Neuquén de 1,5 millones de habitantes en treinta años, una Catamarca de un millón de habitantes y un salto similar para San Juan. Son proyecciones políticas más que demográficas, pero marcan una dirección.

Conviene, sin embargo, separar el anuncio del desembolso. A fines de abril, la inversión minera efectivamente ejecutada bajo el RIGI rondaba los 854 millones de dólares, apenas el 11% de lo aprobado para el sector. La mayoría de los empleos prometidos todavía no existe en contratos ni en obra.

Los límites: la ciudad que no llega

El problema no es atraer gente. Es recibirla. Añelo tiene un déficit habitacional estimado en 60%, escuelas desbordadas y un sistema de salud al límite. Su propio intendente llegó a pedirles a quienes buscan trabajo que vengan sin la familia. El gobernador Rolando Figueroa fue más directo: Vaca Muerta no es una lámpara de Aladino y, para entrar, hace falta formación específica. Más del 60% de los adultos de Añelo no terminó el secundario.

Ahí está el núcleo del malentendido. El petróleo no convencional y la gran minería son intensivos en capital, no en mano de obra. Generan empleos muy bien pagos pero relativamente pocos, y exigen calificaciones técnicas que el desocupado del segundo cordón raramente tiene. El trabajador que llega sin oficio termina en la periferia del boom: alquileres imposibles, changas en servicios, tráileres y asentamientos. Es decir, reproduce en el sur la misma precariedad de la que se fue.

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Comodoro Rivadavia conoce esta película mejor que nadie. Cada ciclo de precios altos trajo oleadas de migrantes, barrios que crecieron sobre los cerros sin cloacas ni planificación, y cada caída de la actividad dejó a miles a la intemperie. La ciudad petrolera más antigua del país es la prueba de que la renta del subsuelo puede poblar un territorio sin necesariamente desarrollarlo.

Y la cordillera tiene su propia tensión. Esquel dijo no a la minería en 2003 y Chubut sostiene desde entonces la Ley 5.001, mientras los intentos de zonificar la Meseta Central terminaron en conflicto social abierto. En buena parte de los valles andinos, el crecimiento poblacional reciente vino del turismo y del teletrabajo, no del extractivismo, y ese perfil de vecino tiende a resistirlo.

Lo que falta para que el traslado sea desarrollo

Si la descentralización va a ocurrir, dependerá menos de los pozos que de todo lo que se construya alrededor de ellos. Hay al menos cuatro condiciones que el mercado no resuelve solo.

Suelo y vivienda antes que gente. Lotes con servicios, crédito hipotecario y obra pública anticipada. Neuquén ya presenta un plan de infraestructura ante el BID; el desafío es que la obra llegue antes que la toma.

Formación donde está la demanda. Escuelas técnicas, universidades regionales y acuerdos con las operadoras para que el empleo se quede con trabajadores locales y con quienes se radican, no solo con contratistas que rotan.

Proveedores y cadena de valor. Una región se puebla de verdad cuando además del yacimiento hay talleres, metalmecánica, logística, comercio y servicios profesionales que sobreviven al ciclo de precios.

Reglas de reparto claras. Regalías que vuelvan a los municipios donde está la actividad, y un acuerdo social sobre dónde sí y dónde no se explota. Sin licencia social, la minería cordillerana no despega.

Nada de esto lo garantiza el RIGI, que ordena incentivos para el inversor pero no diseña ciudades. Es tarea de provincias y municipios, y de una Nación que hoy prefiere correrse de la planificación territorial.

Una oportunidad, no un destino

La Argentina tiene, por primera vez en décadas, una fuerza económica real que empuja población hacia el sur y el oeste. Eso no es poco: el conurbano dejó de crecer al ritmo del país y Neuquén recibe más gente que nunca. Pero el éxodo masivo del Gran Buenos Aires hacia la Patagonia y la cordillera sigue siendo más una imagen que un dato.

Lo que está en juego no es solo cuánta gente se muda, sino en qué condiciones llega y qué queda cuando el precio del barril o del cobre baje. Si la renta se traduce en ciudades, escuelas y empresas propias, el sur puede convertirse en el nuevo eje del país. Si no, tendremos campamentos más grandes, conurbanos nuevos a dos mil kilómetros del viejo y otra oportunidad perdida.

La Patagonia ya vivió varios booms. La pregunta es si esta vez va a quedarse con algo más que la memoria.

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