Las recientes declaraciones del exministro de Economía Alfonso Prat-Gay sobre Vaca Muerta pusieron sobre la mesa una discusión que trasciende las fronteras de Neuquén y encuentra un antecedente especialmente relevante en Comodoro Rivadavia y la Cuenca del Golfo San Jorge.
El economista cuestionó que el extraordinario crecimiento de la producción petrolera no esté generando un impacto proporcional sobre el conjunto de la economía y, particularmente, sobre la infraestructura de las localidades vinculadas a la explotación hidrocarburífera.
Su planteo adquiere una dimensión especial cuando se observa lo sucedido en Comodoro Rivadavia, una ciudad que durante más de cien años fue protagonista de la producción energética argentina y que hoy enfrenta las consecuencias de la declinación de los yacimientos convencionales, la reducción de inversiones y una infraestructura que continúa mostrando importantes necesidades.
Vaca Muerta produce riqueza, pero ¿quién se beneficia?
Prat-Gay volvió a cuestionar públicamente el impacto económico del desarrollo no convencional neuquino, luego de recibir críticas del gobernador Rolando Figueroa, del presidente Javier Milei y de las autoridades de YPF.
El exfuncionario sostuvo que el crecimiento de la actividad petrolera no necesariamente se traduce en una expansión equivalente del comercio, las pequeñas y medianas empresas y otros sectores productivos.
Entre sus principales cuestionamientos mencionó las dificultades de inserción laboral de los egresados del Instituto Vaca Muerta y la necesidad de fortalecer la participación de proveedores locales en la cadena de valor de la industria.
También puso el foco sobre el destino de las regalías petroleras y recordó la existencia de la Ley 3269, que creó el Fondo de Estabilización y Desarrollo del Neuquén (FEDeN).
Según sus estimaciones, una aplicación del esquema que reivindica permitiría destinar alrededor de 175 millones de dólares mensuales a obras de infraestructura.
Se trata de una estimación formulada por el propio economista, cuya metodología y correspondencia con el régimen presupuestario vigente requieren un análisis específico.
La discusión no implica que Neuquén carezca de inversiones públicas. De hecho, el gobierno provincial impulsó recientemente un acuerdo con operadoras petroleras para financiar obras sobre las rutas 7, 8 y 51, mediante adelantos de regalías por hasta 177 millones de dólares.
Sin embargo, el debate planteado por Prat-Gay apunta a una cuestión más profunda: cómo transformar los ingresos extraordinarios de un recurso natural no renovable en desarrollo duradero.
Comodoro Rivadavia: el espejo que debería mirar Neuquén
La historia de la Cuenca del Golfo San Jorge ofrece elementos para comprender los riesgos de una economía excesivamente dependiente del petróleo.
Desde el descubrimiento de hidrocarburos en 1907, Comodoro Rivadavia se convirtió en uno de los principales motores energéticos de la Argentina.
Durante décadas, miles de trabajadores, empresas de servicios, transportistas, comercios y profesionales crecieron alrededor de una industria que generó enormes volúmenes de producción y recursos fiscales.
Pero aquel desarrollo también consolidó una fuerte dependencia económica.
Hoy, mientras las principales compañías orientan una porción creciente de sus inversiones hacia Vaca Muerta, Comodoro Rivadavia enfrenta un escenario de menor actividad en los yacimientos maduros y de incertidumbre para numerosas empresas y trabajadores vinculados al sector.
La salida de YPF de distintas áreas convencionales y la reconfiguración de los planes de inversión de las operadoras constituyen señales de una transformación que afecta directamente a la economía regional.
La pregunta es inevitable: ¿se aprovechó suficientemente la riqueza generada durante las décadas de mayor producción para construir una economía menos dependiente del petróleo?
Las rutas, una deuda que atraviesa ambas cuencas
Uno de los aspectos más relevantes de las declaraciones de Prat-Gay es su cuestionamiento al estado de la infraestructura vial en el corazón de Vaca Muerta.
El economista señaló las dificultades de transitabilidad en Añelo, epicentro de la actividad no convencional.
La situación encuentra un paralelo en el sur de Chubut y el norte de Santa Cruz.
La Ruta Nacional 3, especialmente en el corredor que conecta Comodoro Rivadavia con Caleta Olivia, constituye una infraestructura estratégica para el movimiento de trabajadores, equipos, insumos y producción.
Sin embargo, sus problemas de mantenimiento, deterioro y obras pendientes llevan años formando parte de la agenda regional.
A ello se suman las necesidades de inversión en caminos secundarios, accesos a yacimientos, infraestructura urbana y servicios públicos.
El contraste resulta significativo: una región que durante generaciones contribuyó al abastecimiento energético nacional continúa reclamando inversiones esenciales para su desarrollo.
Esto también plantea una discusión sobre las responsabilidades. Las rutas nacionales dependen fundamentalmente del Estado nacional, mientras que las provincias y los municipios tienen competencias sobre otras obras y servicios. Las operadoras, por su parte, participan mediante inversiones propias, convenios y obligaciones específicas.
Por eso, la discusión no puede reducirse exclusivamente a cuánto invierten las petroleras, sino que debe incluir cómo administran y destinan los recursos los distintos niveles del Estado.
Las petroleras cambian de destino, pero las ciudades permanecen
La migración de inversiones hacia Vaca Muerta responde a una transformación estructural del negocio energético.
La productividad de los desarrollos no convencionales, las perspectivas de crecimiento y las oportunidades comerciales están modificando las prioridades de las grandes operadoras.
Empresas que durante décadas tuvieron una presencia decisiva en el Golfo San Jorge participan ahora del crecimiento de la producción neuquina.
Para Comodoro Rivadavia, este proceso abre interrogantes sobre el futuro del empleo, las pymes de servicios petroleros y la capacidad de la región para atraer nuevas actividades económicas.
Pero existe otra dimensión que merece especial atención.
Cuando las compañías reducen sus inversiones o abandonan determinadas áreas, las ciudades permanecen. También permanecen sus habitantes, sus rutas, sus necesidades de infraestructura y, en algunos casos, los pasivos ambientales derivados de décadas de explotación.
Por eso, la discusión sobre la renta petrolera no debería limitarse a los años de mayor producción.
También debería contemplar qué inversiones permitirán sostener el desarrollo económico y social cuando los yacimientos reduzcan su actividad.
La oportunidad de no repetir la historia
Neuquén todavía atraviesa una etapa de fuerte expansión petrolera, mientras Comodoro Rivadavia enfrenta los desafíos propios de una cuenca convencional madura.
Las realidades productivas son diferentes, pero comparten una cuestión central: cómo convertir una riqueza que se agota en infraestructura, capacidades productivas y oportunidades que perduren.
El debate incluye la necesidad de contar con fondos de inversión de largo plazo, reglas claras para el destino de las regalías, mayor participación de proveedores regionales y políticas que impulsen actividades económicas alternativas.
También exige discutir qué responsabilidades corresponden a las compañías que explotan los recursos, a los gobiernos que perciben regalías y al Estado nacional que obtiene ingresos fiscales de la actividad.
El gobernador neuquino Rolando Figueroa ha rechazado la interpretación de Prat-Gay y defendido el impacto económico de Vaca Muerta, apoyándose en estudios que muestran crecimiento del empleo y de otros sectores productivos de la provincia.
Esa diferencia de posiciones demuestra que el debate no está cerrado y que medir el verdadero impacto del petróleo requiere observar tanto los indicadores de crecimiento como las condiciones de vida, la infraestructura y la diversificación económica.
La pregunta que deja el petróleo
Comodoro Rivadavia tiene una experiencia histórica que puede resultar valiosa para las nuevas regiones petroleras.
Durante más de un siglo fue protagonista de una actividad que generó empleo, empresas, inversiones y recursos extraordinarios. Pero ese mismo recorrido dejó desafíos estructurales que hoy se vuelven más visibles frente a la disminución de la actividad convencional.
Las declaraciones de Alfonso Prat-Gay permiten recuperar una discusión que debería ocupar un lugar central en toda la Patagonia.
No se trata de cuestionar la importancia de las inversiones petroleras ni de desconocer su contribución a la economía argentina.
Se trata de discutir qué parte de esa riqueza se transforma en rutas, servicios, infraestructura, educación, nuevas industrias y oportunidades para las próximas generaciones.
Porque la verdadera medida del desarrollo de una región petrolera no debería ser únicamente cuánto petróleo logra extraer.
También debería ser qué queda en sus ciudades cuando las compañías comienzan a mirar hacia otros yacimientos.
💬 Comentarios (0)