La postal de las ballenas francas australes recorriendo las aguas de Puerto Madryn, uno de los principales atractivos turísticos y naturales de la Patagonia, contrasta por estos días con una realidad preocupante: la aparición de numerosos ejemplares muertos, principalmente crías, en distintos sectores de la costa de Península Valdés y el Golfo Nuevo.
El fenómeno adquirió mayor notoriedad ante la reiteración de hallazgos. El 10 de octubre se conoció un nuevo caso en Playa Paraná, que volvió a encender las alarmas.
El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) advirtió sobre una mortalidad inusualmente elevada de ballenatos durante la temporada. Los números preliminares podrían ubicar a 2026 entre los años de mayor mortalidad de crías, aunque todavía es necesario contar con una cifra definitiva y consolidada.
Una bacteria bajo investigación
Una de las hipótesis científicas apunta a la posible participación de una bacteria denominada Erysipelothrix rhusiopathiae, presente en ambientes marinos y capaz de provocar infecciones graves en diferentes especies animales.
Los investigadores analizan si este microorganismo podría estar relacionado con las muertes y si las lesiones que las gaviotas provocan sobre la piel de las ballenas facilitan el ingreso de agentes infecciosos.
Sin embargo, la identificación de una bacteria no significa necesariamente que sea la responsable de todas las muertes. Los resultados de las necropsias y los análisis de laboratorio serán determinantes para establecer las causas.
El antecedente de 2022 y las condiciones ambientales
La preocupación actual encuentra un antecedente significativo en 2022, cuando se registraron 30 ballenas francas australes muertas en el Golfo Nuevo.
En aquella oportunidad, una investigación científica vinculó la mortalidad con una floración algal nociva, conocida como marea roja. Los análisis detectaron biotoxinas en los animales examinados.
Si bien se trata de un episodio diferente, el antecedente demuestra la importancia de estudiar integralmente las condiciones del agua y los factores ambientales que pueden afectar la supervivencia de los cetáceos.
La advertencia de Carlos Botazzi: la renovación del agua del golfo
Carlos Botazzi, presentado como un reconocido vecino de Puerto Madryn en una nota difundida sobre el tema, puso el foco en la baja tasa de renovación del agua del Golfo Nuevo. Según su planteo, por tratarse de un cuerpo de agua semicerrado y con intercambio limitado con el mar abierto, las sustancias que ingresan podrían tardar en dispersarse y acumularse con el tiempo.
Botazzi advirtió que la situación podría estar señalando un proceso de contaminación sostenido que merece ser estudiado. Se trata de una preocupación expresada por el vecino, no de una conclusión científica sobre la causa de las muertes.
La misma publicación recoge interrogantes no atribuidos a Botazzi sobre una eventual influencia de la actividad industrial, incluida Aluar, y de los efluentes de plantas pesqueras. En particular, plantea como hipótesis que un aporte de nutrientes podría favorecer floraciones de microalgas.
Ninguna de esas posibles relaciones con la mortandad actual está demostrada; por eso, resulta fundamental conocer los resultados de los monitoreos y análisis oficiales.
¿Qué ocurre en las aguas del Golfo Nuevo?
Más allá de las hipótesis sanitarias, la sucesión de muertes vuelve a colocar bajo la lupa el estado ambiental de uno de los ecosistemas marinos más importantes de la Argentina.
El Golfo Nuevo convive con actividades portuarias, industriales, pesqueras y turísticas que forman parte de la economía regional. Entre los interrogantes que merece examinar se encuentra el impacto ambiental de las actividades industriales, incluida la planta de Aluar en Puerto Madryn.
No existen, hasta el momento, evidencias concluyentes que permitan relacionar la actual mortandad con una actividad industrial determinada. Descartar o confirmar posibles factores ambientales requiere estudios específicos, independientes y transparentes.
La investigación no debería limitarse a identificar un agente infeccioso, sino también procurar comprender qué condiciones pudieron favorecer su aparición o propagación.
Un patrimonio natural que exige respuestas
La ballena franca austral constituye uno de los principales símbolos naturales de Chubut y un recurso fundamental para la actividad turística de Puerto Madryn y Península Valdés.
Durante septiembre, un relevamiento del CENPAT-CONICET contabilizó 1.375 ballenas francas australes en las costas provinciales, entre ellas 409 crías.
Frente a la elevada mortalidad registrada, resulta indispensable que las autoridades provinciales y los organismos científicos informen periódicamente cuántos ejemplares fueron encontrados muertos, qué resultados arrojaron los estudios y qué medidas de prevención se están implementando.
También sería importante conocer los resultados de los controles de calidad ambiental realizados en el Golfo Nuevo y determinar si existen factores adicionales que merezcan una investigación más profunda.
La ciencia necesita tiempo para encontrar respuestas, pero la transparencia y el acceso a la información no deberían esperar.
Porque detrás de cada ballena que aparece muerta en las costas de Chubut existe una pregunta que todavía no tiene una respuesta definitiva: qué está sucediendo en uno de los santuarios naturales más importantes de la Patagonia.
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