Alberto Weretilneck confirmó esta semana que Río Negro votará gobernador antes que la Nación. "Campaña en mayo, elecciones en junio", resumió. Parece un trámite de calendario, pero es la primera jugada de una partida que el oficialismo provincial ya no juega con ventaja.
La provincia que durante años dirimió el poder entre Juntos Somos Río Negro y el peronismo llega a esta elección con un mapa de tercios y cinco sellos que buscan su lugar. La pregunta de fondo es si el provincialismo todavía alcanza cuando la grieta nacional entra por la ventana.
El antecedente pesa. En octubre de 2025, Fuerza Patria y La Libertad Avanza se repartieron la legislativa con 30,7% y 30,4%. La boleta del gobernador quedó tercera, con alrededor del 26%, y sin bancas en el Senado. Separar los calendarios es, ante todo, un intento de que esa foto no se repita.
Juntos: el provincialismo contra la pinza
Weretilneck tomó nota de la derrota. En abril dejó la presidencia del partido en manos del intendente de Cipolletti, Rodrigo Buteler, con la promesa de una conducción más joven. En agosto dijo que no cerraba su propia candidatura. Ambos gestos apuntan a lo mismo: despersonalizar una fuerza que durante años fue sinónimo de su fundador.
El relato es claro: la "defensa de Río Negro" frente a una pelea nacional que no resuelve los problemas de la provincia. Y tiene sustento material. El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur empezaría a exportar en el primer trimestre de 2027, y el gobernador puede presentarse como garante de estabilidad ante inversiones que necesitan reglas previsibles. Votar en junio, con el caño funcionando y lejos de la boleta presidencial, es su escenario soñado.
Pero el oficialismo también muestra grietas. Dos legisladores barilochenses se fueron denunciando un "rumbo equivocado", y una de ellas terminó en el bloque libertario. El vínculo con el vicegobernador Pedro Pesatti quedó reducido a lo institucional. Y el Gran Acuerdo de 2023, que sumó kirchneristas y radicales, ya no existe: la nueva apuesta es un frente "antigrieta" con el PRO, la Coalición Cívica y la UCR, ensayado primero en General Roca para disputarles la ciudad a los Soria.
PJ: el apellido como estructura
El peronismo llega en su mejor momento en años. Ganó las dos bancas del Senado en 2025, con Martín Soria y Ana Marks, y en agosto lanzó a María Emilia Soria, intendenta de General Roca, como candidata a gobernadora. Lo hizo con algo que en Río Negro le costó siempre: ordenar a la tropa detrás de un solo nombre antes de que empiece la campaña.
Soria entendió el límite de su espacio. "Con solo el peronismo no alcanza", admitió en Bariloche, y se mostró con dirigentes radicales en Cipolletti. Su discurso evita el rechazo frontal al modelo energético: no se opone al VMOS, pero cuestiona que los recursos se vayan "por un caño" sin dejar desarrollo local, y apunta a la dependencia provincial de los fondos nacionales. Es una oposición que busca parecer de gestión antes que de trinchera.
El riesgo es el revés de su fortaleza. Un proyecto anclado en una familia y en una ciudad —Martín en el Senado, María Emilia hacia la gobernación, el menor de los hermanos como posible sucesor en Roca— puede leerse como continuidad dinástica en el resto de la provincia. Y el voto peronista de 2025 fue, en buena medida, un voto nacional contra Milei. Está por verse cuánto de eso se traslada a una elección provincial desdoblada.
La Libertad Avanza: votos sin candidato
LLA tiene el problema inverso. Le sobran votos —en 2025 ganó Diputados y quedó a un cuarto de punto del peronismo—, pero le falta un nombre consensuado. Aníbal Tortoriello, exintendente de Cipolletti, segundo en la gobernación de 2023 con el PRO y hoy diputado afiliado al partido de Milei, se proclamó candidato en octubre y descartó una interna. Del otro lado, el senador Enzo Fullone construye estructura territorial, suma legisladores que llegan de otros bloques y recuerda que la decisión se toma en Buenos Aires.
Esa dependencia del centro es la gran debilidad libertaria en una elección desdoblada. Sin Milei en la boleta, LLA deberá demostrar que tiene algo para decir sobre rutas, salud, educación y regalías, los temas por los que se juzga a un gobernador y no a un presidente. A eso se suma una conducción partidaria, todavía presidida por Lorena Villaverde, desgastada por los escándalos que la persiguieron en la última campaña.
Tortoriello apuesta a que su perfil de gestor compense la marca. Fullone, a que el aparato pese más que la figura. Si la mesa nacional no lauda a tiempo, los libertarios corren el riesgo de llegar a junio con el electorado más entusiasta y la oferta más desordenada.
PRO y UCR: socios que eligen bando
Los dos partidos que alguna vez ordenaron la política rionegrina llegan como piezas de negociación. El PRO vivió una sangría: Tortoriello se fue a LLA y detrás de él partieron legisladores. Su presidente, Juan Martín, tiene el respaldo de Mauricio Macri y mantiene dos puertas abiertas a la vez: un acuerdo con los libertarios y el frente que Weretilneck impulsa en Roca. Lo único que descarta es al peronismo.
Esa ambigüedad es su capital y también su problema. Un partido que no define con quién va puede subastar su apoyo, pero si espera demasiado corre el riesgo de que la subasta termine sin oferentes.
La UCR, que gobernó la provincia durante 28 años, hoy conduce seis de sus 39 municipios. En septiembre reformó su Carta Orgánica en Chimpay y dejó en manos del Comité Central la definición de alianzas, una forma elegante de postergar la decisión. El grueso de la dirigencia vuelve a mirar a Weretilneck como socio, con un objetivo modesto pero concreto: sostener intendencias y bancas. Para el radicalismo rionegrino, 2027 no es una elección para ganar la provincia sino para seguir existiendo en ella.
Lo que se define en junio
El adelantamiento reduce la discusión a una pregunta: ¿la elección rionegrina será provincial o nacional? Si es provincial, Weretilneck juega de local, con la gestión, el petróleo y los intendentes como argumentos. Si se nacionaliza —y los dos polos tienen todos los incentivos para que así sea—, el oficialismo vuelve a quedar en medio de la pinza que ya lo dejó tercero.
Hay un dato que conviene no perder de vista: Río Negro no tiene balotaje. La gobernación se gana por simple pluralidad de votos. En un escenario de tercios, eso convierte cada alianza menor en decisiva: un PRO que aporta unos puntos, una UCR que retiene sus intendencias, un desprendimiento libertario que divide la boleta.
La elección de junio no la ganará quien despierte más entusiasmo, sino quien cometa menos errores al armar su frente. Y en eso, por ahora, nadie tiene la partida resuelta.
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