El sistema de pagos instantáneos Pix, desarrollado por el Banco Central de Brasil, transformó la forma en que millones de personas realizan operaciones financieras. Con solo escanear un código QR desde el celular, los usuarios pueden pagar, enviar o recibir dinero en cuestión de segundos, las 24 horas del día y sin costo para las personas físicas.
La herramienta ya es utilizada por cerca del 80% de la población brasileña, unos 170 millones de usuarios, y también ganó espacio entre los turistas que visitan el país. Gracias a su masificación, el uso de efectivo y, en muchos casos, de las tarjetas tradicionales, disminuyó de manera significativa.
Su impacto económico es enorme. Solo durante mayo de este año, Pix procesó más de 7.000 millones de operaciones y movilizó un volumen equivalente a casi tres veces el Producto Bruto Interno mensual de Brasil. Además, alcanzó un récord histórico al registrar más de 313 millones de transacciones en una sola jornada.
El prestigioso economista y Premio Nobel Paul Krugman destacó al sistema como un posible modelo para el futuro del dinero, al considerar que logró democratizar los pagos digitales mediante una infraestructura pública, gratuita y de alcance masivo.
Aunque muchas personas asocian su creación con los últimos gobiernos brasileños, el proyecto comenzó a desarrollarse en 2014 dentro del Banco Central. Más adelante, durante la presidencia de Michel Temer, se conformó un grupo de trabajo con bancos, fintechs y empresas tecnológicas para diseñar el sistema. Finalmente, Pix fue lanzado oficialmente en 2020, durante la gestión de Jair Bolsonaro.
Con el paso del tiempo, el éxito de la plataforma también generó una disputa política en Brasil. Mientras el presidente Luiz Inácio Lula da Silva sostiene que “Pix es de Brasil”, sectores de la oposición atribuyen su implementación al gobierno de Bolsonaro, convirtiendo al sistema en un símbolo de orgullo nacional.
Sin embargo, la discusión trascendió las fronteras brasileñas. La administración del presidente estadounidense Donald Trump cuestionó el funcionamiento de Pix al considerar que favorece a una plataforma estatal frente a empresas privadas como Visa, Mastercard, Apple Pay o Google Pay. Esa postura derivó en que Washington incorporara al sistema dentro de una investigación comercial y lo mencionara entre los argumentos para aplicar un arancel del 25% sobre determinados productos brasileños.
Especialistas rechazaron esa interpretación. Krugman calificó la medida como un intento de proteger los intereses de las compañías de tarjetas de crédito y del sector financiero estadounidense, mientras que la economista Mónica de Bolle afirmó que no existen fundamentos económicos ni jurídicos sólidos para sostener esa acusación. Según la investigadora, el verdadero temor de las empresas estadounidenses es que otros países adopten un modelo público similar al de Brasil.
Desde el Banco Central brasileño también respondieron a las críticas. Su presidente, Gabriel Galípolo, comparó el sistema con un servicio público esencial y aseguró que cuestionar a Pix por competir con las tarjetas equivale a decir que una red de agua potable perjudica a quienes venden agua en camiones cisterna.
Mientras el conflicto comercial continúa, Pix mantiene su funcionamiento habitual y sigue siendo la principal herramienta de pago para millones de brasileños y visitantes extranjeros, consolidándose como una de las innovaciones financieras más importantes de la región.
Fuente: LA NACION
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