El peronismo chubutense entró en el año preelectoral con dos ejes claramente dibujados y una incógnita que los atraviesa a todos: si esos ejes van a confluir en una sola oferta o si el justicialismo volverá a presentarse dividido ante un oficialismo que hoy juega de local.
El eje Luque-Bowen: la foto de Esquel
El primer movimiento fuerte lo dieron Juan Pablo Luque y Dante Bowen. Después de recorrer juntos la Cordillera —con escalas en Epuyén y El Hoyo—, el diputado nacional y el intendente de Dolavon sellaron en Esquel un acuerdo político explícito: no habrá interna entre ellos.
“Ya está acordado que no va a haber internas, por lo menos entre Bowen y Luque”, confirmó el comodorense, que además evitó poner nombres propios sobre la mesa y habló de “recorrer la provincia uniendo al peronismo”.
La lógica del pacto es transparente. Luque conserva instalación en Comodoro Rivadavia, el bastión que concentra cerca de un tercio del padrón provincial. Bowen representa al peronismo del Valle, es el único dirigente lanzado con todas las letras a la gobernación y perdió por muy poco la interna partidaria de 2025.
Juntos suman territorio y evitan repetir la sangría de una compulsa interna. A eso Luque le agrega una jugada más ambiciosa: “horizontalizar” el espacio y tender puentes hacia sectores del radicalismo que hoy miran con incomodidad la conducción de la UCR alineada con el gobernador.
El eje Glinski-Fita: “eso no es todo el peronismo”
La respuesta llegó rápido y sin anestesia. Mientras Luque y Bowen daban su conferencia en un hotel céntrico de Esquel, José Glinski aterrizaba en la misma ciudad con agenda propia —Futaleufú, los incendios forestales, reuniones con intendentes— y bajaba el pulgar sobre la puesta en escena: “Fue la puesta en escena de un acuerdo entre dos; no es todo el peronismo”.
Reclamó, además, “una mesa con muchos más compañeros” y un mecanismo transparente para definir candidaturas, con las decisiones tomadas dentro de Chubut y no en Buenos Aires.
Glinski ya blanqueó que quiere competir por la gobernación y que imagina un frente amplio que incluso exceda al PJ. En ese armado se apoya en Gustavo Fita, presidente del partido y dirigente de la CGT Saúl Ubaldini de Comodoro, que viene haciendo la suya: recorridas de la Mesa de Conducción por los consejos de localidad —Esquel y Trevelin, entre las últimas— y una definición tajante frente a un eventual adelantamiento electoral: “El PJ no va a ser quien haga una alianza con el frente de Torres. Aquel que cruza la vereda deja de pertenecer a este espacio”.
Dos ejes, entonces, con estrategias distintas: uno que construye desde el acuerdo de cúpulas hacia afuera; otro que reclama primero la mesa y después los nombres.
El factor Othar: el que todavía no juega
En el medio aparece Othar Macharashvili, que hoy se muestra independiente. El intendente de Comodoro no tiene reelección, ungió a su vice Maximiliano Sampaoli como sucesor natural —una candidatura que no termina de consolidarse— y evita alinearse con cualquiera de los dos ejes.
Luque lo marcó sin vueltas: “Todavía no sabemos concretamente en qué lugar del espacio político se encuentra el intendente. Yo lo veo hoy más cercano al gobernador Torres”.
Al mismo tiempo, Othar se plantó frente a la Provincia por el pasivo ambiental que dejó la salida de YPF y por las viviendas del cerro Hermitte, y ahí el propio Glinski salió a respaldarlo.
¿Qué hará Othar? La pregunta no es menor: maneja la fecha electoral en Comodoro, define —o al menos condiciona— la sucesión en el principal bastión del PJ y piensa en su propio futuro, con el Senado en el horizonte. Sin Comodoro ordenado, cualquier proyecto provincial del peronismo arranca rengo.
Trelew: qué harán Béliz y Coliñir
En la segunda ciudad de la provincia, el peronismo tiene dos piezas que necesitan encontrarse. Emanuel Coliñir, diputado provincial y referente de “Mejor Trelew”, ya avisó que va por la intendencia en 2027 y viene recorriendo barrios con un discurso de reconstrucción: “Si logramos superar algunas posturas egocéntricas, el resultado va a ser la unidad”.
Del otro lado, Alfredo Béliz, dirigente mercantil de La Fuerza del Trabajo Chubutense, rompió con la conducción de Fita, compitió por afuera en octubre de 2025 y en Trelew terminó incluso por encima del oficialismo provincial.
Béliz mantiene conversaciones con Bowen y con Luque y dice que su intención es jugar dentro del justicialismo, aunque con una advertencia: “En Chubut el peronismo sigue dormido, recordando el pasado”.
Coliñir sabe que sin Béliz adentro las chances de recuperar Trelew se achican drásticamente. Esa conversación es, quizás, la más urgente del tablero.
Madryn: los Sastre, del otro lado del mostrador
En Puerto Madryn la película es distinta. Los mellizos Ricardo y Gustavo Sastre no están discutiendo la unidad del PJ: están construyendo con Ignacio Torres.
El intendente firmó con el gobernador el acta por la reparación histórica en coparticipación, blanqueó su alianza —“no tengo nada que esconder”— y disparó contra sus excompañeros: “A veces el PJ genera aburrimiento” y “no se puede estar discutiendo durante cuatro años quién va a ser candidato”.
Peor aún para el justicialismo: con Primero Chubut como puente hacia Despierta Chubut, los Sastre motorizan un goteo permanente de dirigentes peronistas hacia el oficialismo.
Los pases de Luka Jones (28 de Julio) y Sebastián Balochi (Sarmiento) son la evidencia más fresca, y prometen más fichajes. La tercera ciudad de la provincia, con un peso electoral casi a la par de Trelew, hoy no está en la cuenta del PJ.
Los gremios, la bisagra silenciosa
Ninguna de estas conversaciones se cierra sin el movimiento obrero. Fita conduce el partido desde la CGT comodorense; Béliz es el mercantil que se fue y podría volver; Jorge Taboada, de Camioneros, ya se sentó con los Sastre a hablar de un frente; Héctor González, de Agenda Patagonia, se reunió con Coliñir para pensar una alternativa productiva.
Los gremios son a la vez el sostén de la estructura y la puerta por la que se fugaron los votos en 2025. Que jueguen adentro o afuera define buena parte del resultado.
La cuenta final
Acá está el nudo. En un escenario de tercios —oficialismo, peronismo y libertarios—, el PJ dividido no llega. Pero la aritmética también dice otra cosa: sumando lo que hoy está disperso, el peronismo chubutense sigue siendo la fuerza con mayor volumen de la provincia.
Comodoro con el aparato ordenado, el Valle con Bowen, Trelew con Coliñir y Béliz reconciliados, la Cordillera trabajada por los dos ejes y el sindicalismo empujando en la misma dirección conforman una masa crítica competitiva frente a Torres.
Si Luque-Bowen y Glinski-Fita confluyen en una mesa real —con método transparente para definir candidaturas y sin vetos cruzados—, el PJ deja de ser el “tren fantasma” cómodo para polarizar y vuelve a ser una alternativa de poder.
Con unidad, el peronismo puede ganar. Sin ella, alcanza con mirar Madryn para saber cómo termina la historia.
La pregunta, entonces, sigue abierta: ¿algún día se juntarán todos?
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