URGENTE

Palermo Aike, la esperanza de Santa Cruz

Hay geografías que cargan con el peso de una comparación antes de haber demostrado nada. Palermo Aike es una de ellas. La bautizaron “la hermana menor de Vaca Muerta”, “la Vaca Muerta de Santa Cruz”, “el mini Vaca Muerta austral”, y en cada uno de esos apodos conviven la ambición y la trampa: la de medir un proyecto todavía en su fase exploratoria con la vara de la formación no convencional más exitosa de América Latina.

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Pero despojada del eslogan, la cuenca merece ser mirada por lo que es —y por lo que todavía no es.

Ubicada en el extremo sur de la Cuenca Austral, en el sur de Santa Cruz, Palermo Aike ocupa una extensión que las distintas mediciones sitúan entre los 12.600 y los 14.240 kilómetros cuadrados, con estimaciones de recursos potencialmente recuperables que llegan a los 8.900 millones de barriles de petróleo y a los 177 billones de pies cúbicos de gas. Son cifras que la ubican, según los propios informes provinciales y de YPF, como la segunda formación shale del país por potencial, detrás de Vaca Muerta y por delante de cualquier otro proyecto no convencional en desarrollo. El dato no es menor para una provincia que viene de años de declive en su producción convencional y que necesita, con urgencia, un nuevo relato energético.

El problema —porque hay un problema, y conviene no disimularlo— es que entre el potencial geológico y la producción industrial media una distancia que todavía no se ha cerrado. Los primeros pozos exploratorios, como el histórico Maypa.x-1 perforado por CGC en alianza con YPF, arrojaron resultados que los propios técnicos del sector calificaron de modestos: caudales estabilizados de entre 7 y 16 metros cúbicos diarios a lo largo de más de cien días de prueba. No es el fracaso que algunos quisieron ver ni el éxito rotundo que otros necesitaban anunciar; es, simplemente, lo esperable en la etapa de caracterización de una roca que todavía está siendo entendida.

Y esa roca, además, es cara. Los costos de perforación en Palermo Aike quintuplican a los de Vaca Muerta, según cálculos recientes del sector. La razón no es un capricho geológico sino una sumatoria de factores: mayor profundidad, mayor presión, complejidad estructural superior y, sobre todo, una infraestructura de superficie mucho menos desarrollada que la neuquina. Santa Cruz no cuenta con los equipos de perforación de alta potencia, las plantas de servicios ni la industria metalmecánica especializada que Vaca Muerta construyó en una década de aprendizaje. Cada pozo exploratorio implica, todavía, importar tecnología y contratar servicios a precios que encarecen la ecuación económica del proyecto.

Con todo, hay motivos reales para el optimismo, y sería un error de lectura desestimarlos por prudencia excesiva. Palermo Aike puede capitalizar la curva de aprendizaje que Vaca Muerta construyó a lo largo de diez años: técnicas de fractura, diseño de pozos horizontales y modelos de gestión que ya no hay que inventar desde cero. La cuenca, además, hereda una infraestructura de evacuación con capacidad ociosa —el Gasoducto San Martín, con margen disponible, y los oleoductos que conectan con Punta Loyola— y una salida dual al mar, tanto por el Atlántico como, a través del Estrecho de Magallanes, hacia el Pacífico. Son ventajas logísticas que ninguna otra cuenca no convencional del país posee en la misma medida.

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El tablero de actores también se está moviendo. YPF confirmó nuevos pozos exploratorios en las áreas La Azucena y Campamento Este, dentro de su Plan 4x4, con inversiones que ya superan los 280 millones de dólares acumulados en la provincia. La provincia, por su parte, avanzó con un esquema de regalías reducidas para no convencionales y llevó su oferta de inversión hasta Canadá, en busca de capital y de operadoras con experiencia en shale. El sindicato petrolero santacruceño, con los trabajadores especializados de la región sin proyectos que absorban su experiencia, convocó directamente a Total, Petrobras y Chevron a sumarse al esfuerzo que hoy lidera casi en soledad CGC, del grupo Eurnekian. La lectura del propio sector es elocuente: una sola empresa no alcanza para desarrollar una cuenca de estas dimensiones, y la diversificación de operadores es la única forma de distribuir el riesgo técnico y atraer el capital internacional que el proyecto necesita para escalar.

Palermo Aike no es todavía una certeza productiva; es una hipótesis geológica sólida sostenida por inversión creciente, decisión política provincial y un sector privado que empieza a mirarla con seriedad. Convertirla en el segundo polo no convencional de la Argentina exigirá varios años más de perforación, de ajuste técnico y, sobre todo, de paciencia inversora en un contexto donde el capital compite por resultados rápidos. Pero la apuesta ya está hecha, y Santa Cruz, después de años de retracción hidrocarburífera, tiene por primera vez en mucho tiempo algo parecido a un horizonte. Que ese horizonte se cumpla dependerá menos de la comparación con Vaca Muerta que de la capacidad de la provincia y sus socios de construir, con paciencia, una historia propia.

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