El máximo se registró el 14 de septiembre, durante el invierno antártico, cuando el hielo suele alcanzar su mayor extensión antes de comenzar a reducirse con la llegada de temperaturas más elevadas.
De acuerdo con los registros del Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC), se trata del tercer máximo más bajo desde que existen mediciones satelitales, iniciadas en 1979.
Los especialistas advierten que la situación dejó de ser un hecho aislado. Los cuatro inviernos con menor extensión máxima de hielo marino antártico corresponden a los últimos cuatro años. Además, desde 2021 no se registra una expansión del hielo por encima del promedio histórico.
La reducción del hielo marino también puede generar consecuencias indirectas. Al existir menos superficie congelada, el océano Austral puede absorber una mayor cantidad de calor, mientras que las plataformas de hielo quedan más expuestas al oleaje y a fenómenos oceánicos extremos. Estas plataformas cumplen un papel importante al ralentizar el avance de los glaciares hacia el mar.
Durante este año también se registraron otros fenómenos llamativos. En junio, la península Antártica atravesó un período de temperaturas hasta 20°C superiores a lo habitual. Además, los científicos detectaron una extensa zona de océano abierto en el mar de Amundsen, donde normalmente debería encontrarse hielo.
Los especialistas señalan que fenómenos como El Niño pueden haber contribuido a través de cambios en los vientos y las tormentas, aunque no serían suficientes para explicar por sí solos la reducción observada.
El océano Austral cumple además un rol fundamental frente al cambio climático: absorbe aproximadamente un tercio de las emisiones de carbono y cerca del 90% del exceso de calor generado por las actividades humanas. Al mismo tiempo, la temperatura de la superficie oceánica aumentó en las últimas décadas.
Los investigadores continúan analizando la evolución del hielo antártico y sus posibles efectos a largo plazo, especialmente sobre las plataformas de hielo, los glaciares y el nivel de los océanos.
Fuente: LA NACION.
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