Un año sin cargo
Desde el 10 de diciembre pasado, Ana Clara Romero figura en sus propias redes con la sigla que en política funciona como una marca de agua: M.C., mandato cumplido. Es la primera vez en seis años que la abogada comodorense no ocupa un cargo electivo, después de haber sido concejal de Comodoro Rivadavia entre 2019 y 2021 y diputada nacional entre 2021 y 2025.
El punto de quiebre fue el 26 de octubre. Romero encabezó la boleta de Despierta Chubut —el sello del gobernador Ignacio Torres, integrado a nivel nacional a Provincias Unidas—, acompañada por el vicegobernador y titular de la UCR provincial, Gustavo Menna. La apuesta era explícita: romper la polarización entre La Libertad Avanza y el peronismo. El resultado fue el opuesto. El frente oficialista quedó tercero y no colocó ni un solo diputado nacional.
La magnitud del golpe se leyó mejor en el detalle que en el total. En Rada Tilly, donde Romero vive y donde su espacio históricamente arrasaba, la lista de LLA encabezada por Maira Frías se impuso con el 36% frente al 32% de Despierta Chubut, con el peronismo de Juan Pablo Luque tercero en el 20%. En la elección anterior el mismo espacio había superado el 52% en esa localidad. Veinte puntos de caída en el distrito más amigable del sur no es un dato de campaña: es un diagnóstico.
El desgaste, y por qué nadie la desplaza
Romero llega a 2026 con una imagen visiblemente desgastada. Tres elecciones consecutivas lo explican sin necesidad de encuestas: ganó cómoda en 2021 como cabeza de lista, perdió por poco la intendencia de Comodoro en 2023 —35,9% contra el 40,7% de Othar Macharashvili, cinco puntos en el bastión histórico del justicialismo— y perdió mal en 2025, arrastrada por una elección nacionalizada que su espacio leyó tarde.
Y sin embargo sigue ahí. La razón no es su capital político intacto, sino la ausencia de competencia interna. El PRO chubutense no produjo, en toda la última década, un cuadro comodorense capaz de disputarle la referencia territorial. Los nombres que aparecen en la escena provincial pertenecen a otras familias políticas: el radicalismo tiene los suyos, el peronismo resuelve su propia sucesión, y los libertarios crecieron con dirigentes que no venían de la política. En un partido que gobierna la provincia pero que casi no renovó sus cuadros en el sur, Romero es menos una candidata natural que una candidata inevitable. Ese es su activo y también su condena: el espacio no la sostiene por entusiasmo, la sostiene por falta de reemplazo.
Comose resumió con precisión en la ciudad petrolera al analizar el escenario 2027, en la ciudad petrolera el espacio de Torres tiene un nombre concreto, y ese nombre es el de ella.
Comodoro 2027: la revancha que nunca se cerró
La intendencia de Comodoro Rivadavia es el objetivo que Romero nunca desmintió. Consultada por ADNSUR sobre una posible revancha, fue elíptica pero no evasiva: admitió que el municipio sigue siendo una meta y agregó una frase que en su entorno se lee como una hoja de ruta: "Las cosas llegan cuando deben".
Los números de 2023 sostienen la ambición. Aquellos cinco puntos de diferencia fueron el mejor desempeño no peronista en la ciudad en dos décadas, y una brecha menor a la que separó a Torres de Luque en la categoría provincial. Comodoro, además, concentra alrededor del 40% del padrón chubutense: quien la gobierna condiciona la elección de gobernador.
El tablero de 2027, además, se le abre por tres lados. Macharashvili no tiene reelección y ya ungió públicamente a su viceintendente Maximiliano Sampaoli como su "candidato natural", una definición temprana que en el peronismo no cerró la discusión: según reconstruyó Letra P, buena parte del PJ sostiene que sólo una candidatura de Luque a la intendencia ordena la transición, con el costo de sacarlo de la carrera por la gobernación. A eso se suma un tercer competidor real que no existía en 2023: La Libertad Avanza, con Frías llegando a 2027 como diputada nacional, respaldo nacional y una elección que la instaló como aspirante lógica al municipio.
Es decir: Romero enfrentaría un peronismo internamente tensionado, pero también un electorado opositor partido en dos. Su problema de 2027 no es el peronismo. Es la LLA.
La hipótesis Rada Tilly
Hay un segundo escenario que ninguna de las partes puso sobre la mesa, pero que la aritmética y la geografía habilitan: Rada Tilly.
Los argumentos a favor son varios y no menores. Romero vive allí, no en Comodoro. El perfil socioeconómico de la villa balnearia coincide casi punto por punto con el electorado que mejor la votó siempre. El padrón es chico, lo que abarata una campaña y premia el conocimiento personal por sobre la estructura. Y hay un factor partidario que se discute poco: aunque la intendenta Mariel Peralta trabaja alineada con el gobierno provincial —Torres elogió públicamente que entendió que hay que trabajar "codo a codo"—, el PRO como partido tiene una incidencia marginal en la gestión municipal radatilense, sin conducción propia ni cargos de peso. Para un espacio que quiere reconstruirse desde abajo, una intendencia chica y ganable vale más que una derrota grande.
Los argumentos en contra son igual de claros, y el principal es el resultado de octubre: Rada Tilly dejó de ser territorio seguro. Bajar de Comodoro a la villa, además, se leería inevitablemente como repliegue, no como estrategia. Y competirle a una gestión municipal ordenada y sin desgaste visible es una empresa distinta a competirle a un peronismo agotado.
Nada de esto está confirmado ni fue insinuado por la dirigente. Pero cuando una candidata pierde su distrito de residencia por cuatro puntos y su partido no tiene allí ni un dirigente propio, la pregunta se instala sola.
Torres, el aliado que se corrió de lugar
La relación con el gobernador es la variable que puede reordenar todo lo anterior. Romero y Torres compartieron boleta en 2021 y ella acompañó su gestión con lealtad explícita. Pero el Torres de 2026 no es el de entonces.
Su frente dejó de ser una coalición de centroderecha para convertirse en una estructura de absorción. Como describió Infobae en mayo, el espacio oficialista chubutense sumó peronistas disidentes, una fracción del radicalismo, sectores libertarios, fuerzas vecinalistas y el PRO, con la posibilidad concreta de mutar de identidad a comienzos de 2027. Traducido: el PRO pasó de ser el eje del armado a ser uno de sus componentes, y no el más numeroso.
En paralelo, el gobernador se corrió del lugar de contrapeso a la Casa Rosada. Diario Río Negro consignó días atrás que Torres sigue inclinándose hacia el sector dialoguista con el gobierno nacional, movimiento que empujó a un sector importante del radicalismo chubutense a endurecer sus críticas y a amenazar con candidato propio a la gobernación en 2027.
Ahí está el nudo. Romero construyó su perfil sobre tres pilares: cercanía a Mauricio Macri, dureza anti kirchnerista y distancia del mileísmo —fue tajante al descartar diálogo con LLA y cuestionó a los libertarios chubutenses por subordinar la provincia a la agenda nacional—. Si el rumbo del gobernador es la convergencia con el oficialismo nacional y la disolución del sello propio en un frente sin identidad partidaria, la posición de Romero se vuelve incómoda por definición. No haría falta una ruptura declamada: bastaría con que el armado provincial de 2027 no le reserve el lugar que ella considera propio.
Lo que viene
Romero tiene por delante un año de decisiones sin red. Sin cargo, sin banca y sin estructura estatal, su capacidad de negociación depende casi exclusivamente de la encuesta y del temor del oficialismo provincial a perder Comodoro. Una tercera derrota consecutiva la sacaría del tablero; una intendencia, en cualquiera de las dos ciudades, la convertiría en la principal figura del PRO al sur del paralelo 45 y en interlocutora obligada de cualquier discusión provincial.
La política chubutense tiene un año para descubrir cuál de esas dos cosas eligió.
💬 Comentarios (0)