Neuquén nunca vota por las mismas razones que el resto del país, y 2027 no será la excepción. Rolando Figueroa ya dejó trascender su preferencia por desdoblar los comicios provinciales de la elección presidencial, con agosto o septiembre como fechas más probables, y esa sola decisión dice más sobre la estrategia oficialista que cualquier discurso de campaña. Separar el calendario es, ante todo, una forma de blindar la gestión provincial de la centrifugadora nacional: ni depender de un viento de cola libertario si a Javier Milei le va bien, ni cargar con un desgaste ajeno si le va mal. Es la misma lógica que en 2023 le permitió al gobernador consagrarse meses antes de que arrancara la carrera presidencial, en plena etapa fundacional de “la neuquinidad” como marca política sucesora del histórico Movimiento Popular Neuquino.
Ese MPN, dicho sea de paso, atraviesa hoy una de las crisis más profundas de sus más de seis décadas de historia, con referentes divididos entre quienes se subordinan al liderazgo de Figueroa y una estructura propia cada vez más debilitada. La marca partidaria que gobernó la provincia durante generaciones ya no es un actor autónomo: es un afluente, entre varios, del frente amplio que el gobernador construye bajo el paraguas de Comunidad y con el respaldo explícito de intendentes clave como Mariano Gaido en la capital. La discusión ya no pasa por si Figueroa buscará la reelección —eso se da por hecho en cada mesa de café de Neuquén capital— sino por qué mes elegirá para consagrarla y con qué composición de aliados.
La derrota del peronismo no fortaleció a la oposición libertaria: fortaleció al oficialismo provincial. Ese dato, más que cualquier encuesta, es la clave para leer 2027.
El otro extremo del tablero, el peronismo, llega en su peor momento institucional para discutir con volumen propio. El sector kirchnerista que responde a Oscar Parrilli le arrebató la conducción partidaria a la conducción territorial que encabezaba José Asaad, en un congreso celebrado en Vista Alegre bajo fiscalización judicial. La lectura hacia adentro fue triunfalista, en clave de reivindicación del liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, pero el resultado práctico es más ambiguo: un peronismo neuquino que gana una interna y pierde una alianza. Figueroa contaba hasta ahora con el acompañamiento de buena parte del justicialismo derrotado, del que incluso forman parte funcionarios de su propio gabinete; con el kirchnerismo al mando, esa vía de entendimiento queda cerrada. El PJ provincial llega así fragmentado en al menos tres almas —la de Parrilli, la de Darío Martínez y la de los dirigentes de extracción justicialista que ya militan en filas de la neuquinidad— para disputar una provincia que, históricamente, nunca fue terreno fértil para el peronismo.
La Libertad Avanza, en cambio, llega con un piso real pero sin techo claro. La elección legislativa de octubre pasado la consagró como primera fuerza con algo más de un tercio de los votos, quedándose con dos bancas de senadores y dos de diputados nacionales, mientras la neuquinidad retrocedía y el peronismo se derrumbaba a menos de la mitad de su caudal de 2023. El dato central, sin embargo, no es solo el triunfo libertario: es que buena parte de ese desplome peronista terminó nutriendo al espacio de Figueroa antes que al de Milei, sobre todo en el interior profundo donde gobiernan intendencias de extracción emepenista. La Libertad Avanza domina el sur turístico —Villa La Angostura, San Martín de los Andes— pero todavía no despliega una estructura territorial homogénea en toda la provincia, y hacia dentro conviven al menos dos almas: la oficial, que responde a la conducción libertaria nacional, y un sector más duro encabezado por Carlos y Joaquín Eguía, que se presenta como “Fuerza Libertaria” y acusa a la conducción formal de haberse acomodado al sistema. Esa fractura interna, si se profundiza, puede terminar siendo tan determinante para 2027 como cualquier jugada del oficialismo provincial.
TRES ESCENARIOS PARA 2027
ESCENARIO A
Polarización Figueroa–LLA
El más probable con la información disponible: un frente amplio oficialista, con la maquinaria de gestión y el sello de “la neuquinidad”, enfrentado mano a mano con una Libertad Avanza unificada. Es el escenario que ambos espacios ya empezaron a jugar en la última elección legislativa, relegando al peronismo a un rol testimonial.
ESCENARIO B
Peronismo como tercero relevante
Si el sector de Parrilli logra ordenar una candidatura única y capitalizar el descontento con ambos oficialismos —el provincial y el nacional—, el justicialismo podría recuperar terreno respecto del piso histórico de octubre. Su techo sigue siendo bajo en una provincia que nunca lo consagró en las urnas, pero alcanzaría para funcionar como fusible, quitándole votos a Figueroa antes que a Milei.
ESCENARIO C
Fractura libertaria y reelección facilitada
Si la interna entre la conducción oficial de LLA y el sector Eguía no se resuelve antes de la elección, el voto libertario podría dividirse como ya lo hizo el peronismo en 2025. En ese caso, la vía más despejada hacia la reelección de Figueroa no pasaría por convencer a un electorado propio más amplio, sino por administrar la fragmentación ajena.
Ninguno de los tres caminos está escrito, y la propia fecha de la elección —agosto, septiembre, o eventualmente más tarde según lo que resuelva el Congreso con las PASO nacionales— seguirá siendo, hasta último momento, una herramienta de estrategia tanto como el armado de listas. Lo que ya parece fuera de discusión es que Neuquén discutirá su futuro con una lógica propia, distinta de la nacional, y que esa distancia —cultivada durante toda la gestión de Figueroa— es hoy uno de los activos políticos más valiosos que tiene el oficialismo provincial para sostenerse en el poder.
El Observador del Sur — Opinión política patagónica
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