Los datos de actividad sectorial de junio vuelven a poner en primer plano una Argentina que crece a dos velocidades muy distintas. Minería y energía subieron 1,7% mensual y 11,4% interanual, y ya acumulan un 3,5% de expansión en lo que va del segundo trimestre. El sector no solo crece: bate récords propios mes a mes y hoy se ubica 36% por encima de su nivel de mediados de 2022, cuando industria y construcción tocaban su techo de la serie.
Ese contraste es la clave de lectura. Mientras la minería y la energía consolidan una tendencia ascendente sin sobresaltos, la industria manufacturera y la construcción siguen atrapadas en el mismo movimiento de sierra que arrastran desde 2025: suben un mes, retroceden al siguiente, sin poder afirmar una recuperación sostenida. La industria avanzó 0,9% mensual en junio, pero en el trimestre apenas creció 0,2% y todavía opera 11% por debajo de su pico de 2022. La construcción, más golpeada, cayó 4,1% en el mes pese al alza interanual del 4%, y acumula una caída del 26% frente a ese mismo máximo.
El gráfico es elocuente: desde noviembre de 2023, cuando los tres sectores partían de niveles relativamente parejos, la minería tomó un sendero propio hacia arriba mientras industria y construcción quedaron rezagadas en una meseta baja, con oscilaciones que no logran traducirse en una tendencia firme. La construcción, en particular, todavía no recupera ni siquiera el nivel con el que arrancó ese proceso.
La heterogeneidad no es un dato menor: define qué regiones, qué empleos y qué cadenas de valor se benefician del ciclo actual, y cuáles quedan al margen.
A este cuadro se suma un dato adicional que refuerza la lectura: la pesca creció 28,4% mensual desestacionalizado en junio, otro indicio de que junio habría sido un mes de impulso para las actividades primarias, mientras la actividad no primaria —donde pesan la industria y la construcción— se mantuvo relativamente estable, sin caídas pero también sin el dinamismo de los sectores extractivos.
La pregunta que queda abierta es hasta qué punto este esquema es sostenible como motor de crecimiento agregado. Minería y energía tienen un peso relativo menor en el empleo formal que la construcción y la industria, dos sectores intensivos en mano de obra y con fuerte anclaje territorial. Que sigan operando muy por debajo de su potencial, incluso en un contexto de recuperación macroeconómica, plantea interrogantes sobre la calidad y la distribución geográfica de la reactivación en curso
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