El refrán es conocido y en la política chubutense suele cumplirse con precisión de reloj: quien se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen. Damián Biss podría estar a punto de confirmarlo.
Según pudo saber este medio, el intendente de Rawson estaría evaluando alejarse del armado que en los últimos meses lo ubicó cerca del intendente comodorense Juan Pablo Luque, con quien lo unía una relación que se remonta a 2019, cuando ambos asumieron sus mandatos. Esa cercanía, que alimentó especulaciones sobre una eventual sociedad de cara a 2027, habría empezado a enfriarse.
El punto de inflexión sería la convención radical. Biss jugó fuerte por la línea encabezada por Sergio Guajardo, que se presentó como la voz de los comités del interior frente a la conducción partidaria. El resultado no lo acompañó, y el jefe comunal habría quedado mal parado: sin el control del partido que presidió hasta hace poco, enfrentado con el oficialismo radical y señalado por algunos correligionarios como la puerta de entrada del peronismo al radicalismo. Sus denuncias posteriores sobre presiones del gobierno provincial no hicieron más que ensanchar la grieta.
Pero el problema no sería solamente partidario. En Rawson, los números estarían lejos de acompañar. Las cuentas municipales aparecerían complicadas, y con más de un año de gestión por delante, el margen para sostener la administración sin respaldo provincial se achicaría día a día. En ese contexto, cerca del intendente admitirían que es momento de "recalcular" el camino.
Las señales ya empezarían a verse. En un acto público posterior a la convención, quienes siguieron de cerca el encuentro notaron a un Biss inusualmente complaciente, lejos del tono crítico que había mostrado en la previa de la interna. Gestos medidos, saludos cordiales y ninguna declaración que incomodara al gobierno provincial. En política, las formas también son mensaje.
En ese marco, trascendió que habrían existido conversaciones reservadas entre el entorno del intendente y referentes del oficialismo provincial. El objetivo, siempre en potencial, sería doble: recomponer la relación con el radicalismo alineado con Despierta Chubut y asegurar el apoyo de la Provincia que le permita terminar su gestión sin sobresaltos. Ninguna de las partes habría confirmado esos contactos, aunque tampoco nadie se apuró a desmentirlos.
Consultado recientemente sobre su vínculo con Luque, Biss rechazó de plano la existencia de un acuerdo electoral y sostuvo que mantener buena relación con distintos sectores no implica planificar nada extraño. Sin embargo, en los pasillos de la política provincial ya se lee su movimiento como un regreso anticipado.
Resta saber si en el oficialismo lo recibirán con los brazos abiertos o si le harán pagar el costo de la aventura. Porque en política, volver siempre se puede. Lo que se negocia es el precio.
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