Hay conflictos que revelan más de lo que discuten. El de Manantiales Behr es uno de ellos. En la superficie se trata de un dispositivo técnico: trabajadores de la empresa Vientos del Sur advirtieron la incorporación de un “cajón hidráulico”, utilizado para el movimiento y la manipulación de cañerías en las planchadas, y reaccionaron con una retención de servicios. En el fondo se discute algo más profundo: quién paga los costos de la reconversión de la Cuenca del Golfo San Jorge tras la salida de YPF.
Jorge Taboada, secretario general de Camioneros de Chubut, fijó posición rápido. Sostuvo que el cambio tecnológico podría dejar en la calle a más de 80 trabajadores y vinculó lo ocurrido con el proceso que atraviesa la Cuenca desde la salida de YPF de las áreas maduras. También cuestionó a la operadora por la falta de explicaciones: según él, PECOM no dio precisiones sobre los alcances del nuevo dispositivo y solo recurrió a la Secretaría de Trabajo para pedir la conciliación obligatoria.
Hay que reconocerle un punto: el reclamo no nació en la sede del sindicato. Por iniciativa propia, los trabajadores iniciaron una retención de servicios y solicitaron el acompañamiento del gremio para encauzar la protesta, y el gremio respondió. Tampoco convirtió el conflicto en una pelea personal con otros dirigentes. Su mensaje hacia Petroleros fue más un pedido que un ataque: «Esperamos que acompañen a los trabajadores y no a las empresas». Y, por ahora, la estrategia tuvo algún resultado: tras la audiencia, Taboada informó que PECOM se comprometió a hacer todos los esfuerzos para conservar la fuente de trabajo, con una nueva instancia prevista para el 9 de octubre, cuando se cumplen los primeros 15 días de la conciliación.
La otra mirada
Pero el conflicto tiene otra lectura, y no es menor. Desde Petroleros Privados, Jorge “Loma” Ávila planteó que detrás del conflicto hay empresas de transporte que se resisten a los cambios tecnológicos y operativos en los yacimientos. Admitió que el avance tecnológico implica cambios en determinadas tareas y puestos laborales, pero remarcó que el gremio acompañó esas transformaciones para preservar el empleo. Su gremio, además, pretende que las tareas continúen y que las diferencias vinculadas con la tecnología y la organización del trabajo sean discutidas sin paralizar los equipos.
Es una posición que también puede defenderse desde lo sindical: en una cuenca madura, sostener estructuras de costos del pasado puede terminar espantando la inversión que se necesita para que haya trabajo mañana. Ambos dirigentes, al fin y al cabo, coinciden en un escenario de fondo: la Cuenca viene atravesando una fuerte reducción de puestos laborales y necesita recuperar inversiones. Lo que los separa es cómo llegar ahí.
La duda que queda abierta
Y aquí aparece la pregunta que la postura de Taboada no termina de responder: ¿se opone a la forma en que se implementa el cambio tecnológico, o al cambio tecnológico en sí? No es lo mismo exigir que la incorporación de nuevos equipos se negocie, que los trabajadores desplazados sean reubicados y que la operadora dé explicaciones, que resistir cualquier innovación que reduzca tareas manuales. Lo primero es parte legítima de la función sindical; lo segundo, sostenido en el tiempo, difícilmente sea viable en una industria que se automatiza en todo el mundo. Empresarios de la cuenca interpretaron que Camioneros no acepta los cambios mientras que Petroleros se “bajó” para seguir negociando, y esa percepción, justa o no, le suma presión al gremio camionero para aclarar dónde está su límite. Tampoco ayuda que en el pasado se lo haya cuestionado por mezclar reclamos gremiales con intereses empresariales, como cuando en 2020 se señaló que un bloqueo a YPF estaba vinculado a la caída de la venta de arena hacia Vaca Muerta, un negocio en el que estaría vinculado a través de una firma.
De qué lado
El conflicto deja una enseñanza que vale para todos los dirigentes de la cuenca. La trayectoria de un sindicalista se construye durante décadas, pero puede erosionarse en una sola coyuntura: aquella en la que sus representados no logran distinguir si habla por ellos o por la empresa. Ese riesgo corre en las dos direcciones. Un dirigente que adopta sin matices el lenguaje de la eficiencia y los costos puede terminar pareciendo vocero de la operadora; uno que se opone a todo cambio puede quedar atrapado en una pelea que no se puede ganar.
Con esas salvedades, en este round la foto quedó más nítida de un lado que del otro. Taboada puede estar equivocado en la forma, y todavía le debe una definición sobre el cambio tecnológico, pero su mensaje fue claro: primero los puestos de trabajo, después lo demás. Acompañó un reclamo que nació de los propios trabajadores, apuntó contra la operadora y contra una dirigencia política que no aparecía, y salió de la audiencia con un compromiso de la empresa de hacer todos los esfuerzos para conservar la fuente de trabajo. Del otro lado, Ávila puso el foco en los intereses de las contratistas y admitió que los cambios se van a llevar algunos puestos laborales. Puede tener razón en el diagnóstico de fondo sobre una cuenca que necesita inversión, pero en un momento en que Comodoro acumula despidos, esa lectura resulta más difícil de explicar a quien teme quedarse sin trabajo que la de quien dice, simplemente, que no va a permitir un despido más.
Nada de eso resuelve la discusión de fondo, ni garantiza quién tendrá razón cuando se cierre la conciliación. Pero en la percepción de los trabajadores, que es donde se juega la legitimidad de cualquier dirigente, esta vez Taboada dejó menos dudas sobre de qué lado está parado. El desafío, para él y para todos, será sostener esa claridad cuando llegue la hora de negociar la modernización que, tarde o temprano, va a llegar a los yacimientos.
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