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LATTANZIO sin norte: el concejal que siempre supo dónde pararse

Omar Lattanzio llegó a la política de la mano del radicalismo y se fue cuando el radicalismo dejó de rendirle. Hoy no tiene partido, no tiene bloque y tiene una sola causa: la denuncia contra Ostoich. Puede alcanzarle para el ruido. Difícilmente para 2027.

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Hay dirigentes a los que conviene leer por sus discursos y otros a los que conviene leer por el calendario. Omar Luis Lattanzio pertenece a la segunda categoría. Su trayectoria se entiende mejor mirando quién gobernaba en cada momento que revisando lo que decía en cada momento.

El dato biográfico es sencillo y él lo cuenta sin adornos. Nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1957. Es perito mercantil y trabaja en el rubro metalúrgico desde hace más de tres décadas.

Llegó a Comodoro Rivadavia a comienzos de los 2000: comodorense por adopción, según su propia ficha en el Concejo Deliberante. Está casado, tiene tres hijas y cinco nietos. Y tiene un taller, al que promete volver cada vez que la política se le pone cuesta arriba.

El accidente

Su ingreso a la vida pública fue, en sus palabras, casi un malentendido.

“Participé porque quería conocer gente y estaba con poco trabajo en mi empresa, así ingresé en ese grupo del radicalismo del que al tiempo me fui”, contó en 2023 a La Cien Punto Uno.

La frase es más reveladora de lo que parece: la política no aparece ahí como vocación ni como convicción, sino como una actividad a la que se llega cuando el taller está flojo.

Después acompañó a Rosana Uriarte, histórica militante radical que en 2019 decidió hacerle una interna a la fórmula oficial de Juntos por el Cambio. Fue la lista 503 C, Alternativa Radical, boleta corta y ciento por ciento radical, contra la 503 K de Ana Clara Romero y Gastón Acevedo.

Lattanzio encabezó la nómina de concejales de Uriarte, seguido por Doris Kruger, Flavio Argañaraz y Olga Luna.

En las PASO del 11 de agosto perdieron, y perdieron mal. Romero se llevó la candidatura a intendente con comodidad. Ahí terminaba, en apariencia, la aventura.

No terminó.

Por el mecanismo de integración de boletas, los perdedores de la interna se incorporan a la lista definitiva del frente, y en esa operación Lattanzio quedó cuarto en la nómina de concejales de Juntos por el Cambio, detrás de Romero, Tomás Buffa y Graciela Saffirio.

En octubre, ese cuarto lugar entró. Uriarte, que había encabezado la boleta y sacado los mismos poquísimos votos que él, no obtuvo nada: competía por la intendencia, no por una banca.

El propio Lattanzio lo describió después con una franqueza poco frecuente:

“Lo que nosotros desconocíamos es que ya había habido un arreglo entre el PRO y el radicalismo, por lo que nosotros sin porcentaje pusimos al primer concejal, que era yo”.

Sin porcentaje. La frase es la clave de todo.

En muchas internas partidarias se exige que la minoría alcance un piso —habitualmente del 25 o el 30 por ciento— para tener derecho a integrarse a la lista definitiva. Acá ese requisito no operó.

Con un puñado de votos, un dirigente que en la práctica no había convencido a casi nadie se sentó cuatro años en el Concejo Deliberante de la ciudad más grande de Chubut.

Es un origen que Lattanzio no oculta y que en su relato funciona como prueba de independencia: no le debe la banca al aparato.

Podría leerse al revés. No le debe la banca a los votos, tampoco. Se la debe a un vericueto reglamentario.

Nunca fue del aparato, pero fue el aparato el que le dio estructura, nombre y la primera oportunidad.

En el recinto armó un unibloque con el apellido más radical de todos: Raúl Alfonsín. Un gesto de pertenencia que sobreviviría poco.

El giro

En marzo de 2023 llegó la ruptura.

Lattanzio lanzó su precandidatura a intendente por el PICH, el sello independiente chubutense, y no ocultó dónde quería pararse: dijo que le gustaría compartir boleta con César Treffinger para la gobernación y con Javier Milei para la presidencia.

Se presentó como “una opción distinta entre dos potencias” y la chicana fue directa contra sus dos casas anteriores.

En la campaña marcó distancias con algunas ideas libertarias —defendió la escuela y el hospital públicos—, lo que abre la pregunta obvia: qué lo llevaba entonces a esa boleta, si no era el programa.

El radicalismo registró la salida como pérdida.

Jeremías González, que asumió la presidencia del Comité Departamental de la UCR de Comodoro en junio pasado, lo dijo sin dramatismo pero sin disimulo: la salida de Lattanzio significó que el partido se quedara con un concejal menos.

En julio de 2025 hubo un segundo movimiento que dice bastante. Le ofrecieron ser precandidato a diputado nacional por el PICH y declinó.

La explicación pública fue la cohesión interna del partido; que la postulación generaba “diferencias de criterio y posiciones contrapuestas”.

Traducido: tampoco en el sello que lo adoptó tenía el camino allanado.

La ofensiva

Su segundo mandato encontró un tema y lo convirtió en identidad.

Desde hace más de un año, Lattanzio viene denunciando que la Municipalidad de Comodoro dejó de licitar.

Su cifra es siempre la misma y la repite como un martillo: entre mayo de 2025 y mayo de 2026 hubo concursos privados de precios por 16.300 millones de pesos, un mecanismo que debería ser excepcional.

Su pregunta también: ¿qué obra relevante quedó a la vista?

“Dividen las obras en etapas para terminar en concursos privados de precios donde siempre participan los mismos”, planteó.

Y fue más lejos: sostuvo que hubo firmas constituidas poco antes de la asunción del secretario de Infraestructura que empezaron a facturar sin antecedentes en el rubro.

El objetivo tiene nombre: Fernando Ostoich.

Lattanzio impulsó su interpelación —aprobada por unanimidad, un hecho inédito en el Concejo local— con un cuestionario de 102 preguntas y un reclamo de unos 80 expedientes que, según denunció, nunca llegaron.

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La respuesta municipal que más lo irritó fue que no había dinero para fotocopias.

Conviene decirlo: en este punto Lattanzio hizo lo que ningún bloque orgánico se animó a hacer.

Que sea el dirigente sin estructura el único que empuja el control es, antes que un mérito suyo, un problema del resto.

La intriga

Ahora bien, el modo importa.

Antes de la interpelación, Lattanzio anticipó que el resultado le daba lo mismo:

“No me interesa lo que responda, sinceramente no me interesa ni una sola respuesta”.

Se refirió al funcionario como “este muchacho”.

Durante la sesión se levantó y se fue:

“Me retiré porque no valía la pena estar ahí”.

Después cuestionó abiertamente su idoneidad.

Semanas más tarde llegó el desenlace previsible: una denuncia penal ante la Oficina Fiscal de Comodoro Rivadavia contra Ostoich por presunto incumplimiento de los deberes de funcionario público y abuso de autoridad, centrada en la obstrucción del acceso a los expedientes y el resguardo de la prueba.

El escrito deja asentadas sospechas de corrupción de fondo —negociaciones incompatibles, administración fraudulenta, peculado—, pero aclara que acreditarlas excede el objeto de la presentación.

Esa aclaración es la clave de todo y también el flanco.

Porque conviven dos lecturas y ninguna es descartable.

Una: un concejal sin estructura llevó a la Justicia lo que el Ejecutivo se negó a responder en el recinto.

La otra: el trato al funcionario excedió el control político. El desprecio anticipado, el mote, el portazo. Un modo de ejercer la banca que, dicen en el municipio, se parece menos a una auditoría que a una persecución personal.

Si la causa avanza, el estilo será una nota al pie. Si no avanza, el estilo será la noticia.

Y Lattanzio quedará como alguien que confundió una banca con un megáfono.

Ostoich, hasta ahora, sostuvo que las respuestas están y que los expedientes pueden consultarse en el municipio.

El futuro

Rumbo a 2027, Lattanzio queda en una posición singular: es el dirigente con más volumen mediático del Concejo y, al mismo tiempo, el que menos red tiene abajo.

En el radicalismo la lectura que circula es dura.

Se le reprocha haber usado la estructura partidaria como trampolín y haberla abandonado cuando dejó de rendir; el de haber sido, en el vocabulario de la política comodorense, un acomodaticio.

En Despierta Chubut —la coalición que sostiene a Ignacio Torres y donde el radicalismo se reivindica cogobernando— tampoco aparece como un activo: su alineamiento con el mundo Treffinger lo ubica del otro lado de la grieta provincial que se abre entre el oficialismo y La Libertad Avanza.

Son versiones que ningún dirigente firma en público, pero que ordenan las conversaciones en voz baja.

Cuesta, además, encontrar en sus siete años de banca una idea propia sostenida en el tiempo.

Hay temas —los servicios, el agua, el hospital, ahora las contrataciones— pero no un programa.

Hay adversarios, que van cambiando.

Hay un tono, que no cambia nunca.

Le quedan, entonces, tres caminos.

Capitalizar la causa Ostoich y convertirse en el candidato del enojo.

Negociar un lugar en la boleta libertaria de 2027 y confirmar exactamente lo que dicen sus críticos.

O volver al taller, como repite cada vez que le preguntan.

Lattanzio construyó una carrera sobre la idea de que no le debe nada a ninguna estructura.

Es un capital enorme para denunciar.

Es un capital muy pequeño para ganar una elección.

Y el riesgo de vivir de las oportunidades es siempre el mismo: cuando se agotan, hay que tener algo detrás.

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