Javier Milei atraviesa un momento en el que distintos acontecimientos de la política internacional parecen jugar a su favor. En particular, las recientes declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de revisar la histórica posición estadounidense respecto del conflicto por las Islas Malvinas abrieron una oportunidad inesperada para el Gobierno argentino.
La postura del presidente de Estados Unidos no aparece como un hecho aislado. Según el análisis publicado por LA NACION, ya a fines de abril un correo electrónico del Pentágono había anticipado un posible cambio de enfoque. La procedencia militar de aquella comunicación le otorga especial relevancia, aunque no necesariamente implica una modificación integral de la política exterior estadounidense.
El vínculo entre Washington y Londres atraviesa, además, algunas diferencias. Entre ellas aparecen la posición británica frente a los ataques contra Irán y las discusiones dentro de la OTAN sobre cuánto deberían aportar los países europeos para financiar su defensa. La resistencia del gobierno británico a cumplir con determinados objetivos de gasto militar generó nuevos roces con la administración Trump.
En ese contexto, la cuestión Malvinas vuelve a adquirir importancia estratégica. El archipiélago se encuentra en una zona que, aunque perdió relevancia comercial frente a otras rutas marítimas, conserva un valor militar significativo. El Estrecho de Magallanes y el paso al sur del Cabo de Hornos podrían adquirir una importancia mayor ante un eventual escenario de conflicto entre Estados Unidos y China, especialmente teniendo en cuenta las limitaciones que tendrían los grandes buques militares estadounidenses para utilizar el Canal de Panamá.
Incluso comenzaron a circular versiones sobre la posibilidad de establecer algún tipo de zona compartida entre Argentina, Reino Unido y Estados Unidos, aunque se trataría, por ahora, de una hipótesis de carácter simbólico.
El petróleo, otro factor de peso
La disputa por Malvinas también está atravesada por el desarrollo de proyectos hidrocarburíferos en la zona. El consorcio integrado por la israelí Navitas y la británica Rockhopper impulsa el proyecto Sea Lion, que podría comenzar a producir petróleo en 2028.
La iniciativa contempla una inversión de hasta US$4.000 millones y las reservas estimadas rondarían los 300 millones de barriles. Argentina cuestiona la legalidad de los permisos otorgados para avanzar con la explotación y distintas organizaciones presentaron acciones judiciales para intentar frenar el proyecto.
El desarrollo petrolero podría modificar, además, el escenario político de las islas. Una mayor actividad económica podría incrementar la población y fortalecer el argumento británico basado en la autodeterminación de los habitantes del archipiélago.
El proyecto también tiene una particularidad que genera cierta incomodidad para el Gobierno argentino: aproximadamente el 65% del consorcio está en manos de una compañía israelí. Al mismo tiempo, desde sectores vinculados a Israel surgieron expresiones favorables al reclamo argentino sobre Malvinas.
El respaldo económico de Washington
Las señales favorables para Milei no se limitaron a la cuestión Malvinas. Durante la reunión del G-20, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, expresó un fuerte respaldo a la gestión económica de Luis Caputo y calificó al programa argentino como un “ejemplo extraordinario”.
A esto se sumó la visita a Buenos Aires de Jeffrey Goettman, representante adjunto de Comercio de Estados Unidos, quien mantuvo conversaciones vinculadas con la aprobación parlamentaria del Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocas entre ambos países.
La agenda estadounidense también coincidió con el debate sobre la adhesión argentina al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes. Los laboratorios nacionales agrupados en CILFA buscaron preservar determinadas condiciones de autonomía para el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual frente a los procesos internacionales de homologación de patentes medicinales.
Otro de los asuntos que aparece en el radar estadounidense es la privatización del Belgrano Cargas. Allí existe interés de un consorcio conformado por la empresa estadounidense Wabtec y el Grupo México.
Brasil: un escenario que también puede beneficiar al oficialismo
Mientras Milei recibe señales favorables desde Washington, en Brasil se desarrolla otro episodio con impacto político regional.
El juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes quedó involucrado en un escándalo a partir de comunicaciones encontradas en teléfonos vinculados al banquero Daniel Vorcaro, investigado por presuntas estafas. Según la información difundida, en esos intercambios habrían aparecido consultas dirigidas al magistrado sobre la posibilidad de abandonar Brasil para evitar a la Justicia.
La situación adquiere especial relevancia porque Moraes es quien interviene en el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, uno de los principales aliados políticos de Milei en la región.
El enfrentamiento entre el Presidente argentino y el juez brasileño ya había quedado expuesto públicamente cuando Milei lo calificó de manera despectiva. Moraes, además, es una figura cuestionada por sectores de la derecha internacional debido a sus decisiones contra Bolsonaro y a las restricciones impuestas a plataformas digitales como X y Truth Social.
Sin embargo, el escenario brasileño es más complejo. Vorcaro también habría tenido vínculos financieros con Flavio Bolsonaro, lo que introduce una dimensión adicional en la disputa política.
Una elección que también repercute en Argentina
En paralelo, un grupo de legisladores argentinos viajó a Brasilia y mantuvo reuniones con funcionarios cercanos al gobierno de Lula da Silva. La delegación estuvo integrada por la senadora Florencia López y los diputados Nicolás Massot, Victoria Tolosa Paz, Germán Martínez, Esteban Paulón, Martín Lousteau, Eduardo Falcone, Maximiliano Ferraro y Oscar Herrera Aguad.
Los dirigentes fueron recibidos por el canciller Mauro Vieira, el secretario de Relaciones Institucionales José Guimarães y el asesor internacional de Lula, Celso Amorim. El viaje buscó transmitir un mensaje de acercamiento institucional, aunque también incluyó cuestionamientos a la administración de Milei.
El contexto es una elección brasileña que aparece cada vez más disputada. Lula mantiene una ventaja, mientras que el sector vinculado a Bolsonaro intenta reducir la diferencia.
De esta manera, la política exterior comienza a ocupar un lugar cada vez más importante en la disputa política argentina. Las señales provenientes de Estados Unidos, la cuestión Malvinas, los intereses económicos internacionales y la situación política brasileña conforman un escenario que, al menos por ahora, le ofrece a Milei varias oportunidades para fortalecer su posición.
Fuente: LA NACION — Carlos Pagni.
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