URGENTE

El pacto que puede cambiar el tablero: Othar y Luque, condenados a entenderse

La reconstrucción del vínculo entre el intendente de Comodoro Rivadavia y el diputado nacional aparece como la llave para ordenar al peronismo en la zona sur y proyectar ese esquema al resto de Chubut. Con un PJ competitivo, el escenario de tercios obliga al Gobierno provincial a definir si sella o no un acuerdo con La Libertad Avanza.

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Hay una conversación que en el peronismo del sur chubutense se sigue con más atención que cualquier encuesta: la que mantienen —y la que todavía deben terminar de saldar— el intendente de Comodoro Rivadavia, Othar Macharashvili, y el diputado nacional Juan Pablo Luque. De ese entendimiento, admiten en distintos despachos del justicialismo, depende buena parte de lo que el PJ pueda ofrecer en 2027.

Dos socios con historia de tensiones

La aritmética explica la obsesión. Comodoro Rivadavia concentra alrededor del 30% del padrón provincial. Ninguna estrategia peronista es viable sin la ciudad petrolera, y ninguna candidatura provincial resiste el arranque de una campaña con la principal plaza del partido partida en dos. Si Comodoro se ordena, el peronismo tiene un piso. Si se rompe, el resto del armado provincial queda a la intemperie antes de empezar.

El vínculo entre ambos nunca fue sencillo. Macharashvili llegó a la intendencia en 2023 como vice de Luque y candidato de consenso del frente Arriba Chubut, tras una gestión compartida con idas y vueltas. Ya en el municipio, cada uno construyó su propia mesa chica, y los últimos meses no ayudaron: en agosto, Luque marcó distancia en público y dijo que veía al intendente “más cercano al gobernador Torres” que al peronismo.

En paralelo, el pedido de interpelación al secretario de Obras Públicas comodorense, Fernando Ostoich, contó con el acompañamiento de concejales que responden al diputado, algo que en el entorno del jefe comunal se leyó como un mensaje directo.

También aparece el capítulo sucesorio. Macharashvili no puede buscar la reelección y en junio señaló a su viceintendente, Maximiliano Sampaoli, como su “candidato natural”. Pero esa alternativa perdió nitidez con el correr de los meses, y la sucesión volvió a foja cero justo cuando el calendario aprieta.

Frente a eso, hay un antecedente que muestra que el entendimiento es posible: la pelea por los bienes de YPF. Cuando el Gobierno provincial firmó con la petrolera el traspaso de activos a la órbita del Estado chubutense, Macharashvili y Luque compartieron conferencia de prensa, carta documento y discurso. El conflicto con Rawson operó como el único articulador eficaz que encontró el peronismo comodorense en el último año y medio.

Del sur a la provincia

La hipótesis que gana volumen en el PJ es que un acuerdo en Comodoro no se agota en la intendencia: es el modelo que se busca replicar hacia arriba.

Luque ya cerró con Dante Bowen un pacto para evitar la interna —“no va a haber internas”, ratificó el diputado— y mantiene canales abiertos con José Glinski, que hasta ahora prefirió construir por fuera de la rosca partidaria y también se anota en la carrera a la gobernación. A eso hay que sumarle las estructuras que responden al senador Carlos Linares y al presidente del PJ provincial, Gustavo Fita.

El razonamiento es simple: si la zona sur muestra una foto de unidad, la mesa provincial se ordena por arrastre. Si no, cada sector negocia por separado y el peronismo llega fragmentado a un turno electoral en el que, por primera vez desde 2023, tiene números para pelear.

Los números que explican todo

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Las legislativas de 2025 cambiaron el clima. La Libertad Avanza se impuso por apenas un punto sobre el peronismo, que llevó a Luque como cabeza de lista, mientras el frente Despierta Chubut quedó tercero en torno a los 20 puntos. Fue la primera señal de alerta seria para el oficialismo provincial.

Los sondeos posteriores confirman el escenario de tercios. Un relevamiento de la consultora Aresco ubicó a Ignacio Torres en 26,8%, a Luque en 19,9% y a un candidato libertario en 16,7%, con un porcentaje relevante de indecisos y voto en blanco.

El dato decisivo es institucional: en Chubut no hay segunda vuelta. Se gana por un voto.

El dilema de Torres

Ahí es donde el acuerdo peronista deja de ser un asunto interno y se convierte en un problema para el Gobierno provincial. Con el voto no peronista dividido entre Despierta Chubut y La Libertad Avanza, y con un PJ ordenado detrás de una sola candidatura, el peronismo entra en zona de competitividad real.

Esa es la presión que empieza a sentirse en Rawson. Torres viene poniéndole condiciones a un eventual entendimiento con los libertarios —“los acuerdos tienen que venir de la mano del para qué”, repitió— y exhibe como modelo su propio frente, que integra sectores del PRO, el radicalismo, el peronismo y espacios libertarios.

Pero la matemática empuja en otra dirección: si el peronismo se unifica, la competencia con LLA por el mismo electorado deja de ser una discusión de identidad para pasar a ser una cuestión de supervivencia electoral. Del lado violeta, el diputado César Treffinger recupera centralidad exactamente en ese escenario.

El calendario agrega otra capa. Torres ya confirmó que Chubut desdoblará sus comicios de las nacionales y que la intención es que las elecciones provinciales y municipales se realicen en forma conjunta, aunque la fecha sigue abierta y depende de una eventual reforma del sistema electoral. La definición de los tiempos, en una ciudad como Comodoro, es en sí misma una carta de negociación.

Nada de esto está cerrado. Pero en el peronismo del sur hay una convicción que se repite: si Othar y Luque no se ponen de acuerdo, el resto de la discusión sobra.

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