URGENTE

El sombrero empezó a cotizar en bolsa

La decisión no se habría tomado en el despacho municipal sino en un asado, con el círculo más chico. Ahí Othar Macharashvili habría resuelto lo que venía rumiando desde hacía meses: consultar, sí; obedecer, no. De ahora en adelante, el vínculo con el anillo de dirigentes que lo llamaba a diario sería estrictamente formal. Detrás de la decisión hay una gestión que cuidó la caja en plena escasez y que resolvió el problema que ninguna administración municipal había podido resolver.

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La escena no habría tenido actas ni fotos oficiales. Un asado, la gente más cercana, la sobremesa larga que en la política comodorense suele valer más que una resolución firmada. Ahí Othar Macharashvili habría puesto en palabras algo que venía masticando desde hacía meses: que seguiría escuchando a todos, pero que las decisiones sobre el municipio las tomaría él.

Detrás de esa definición habría un hartazgo concreto y con nombres. El intendente se habría cansado del anillo de dirigentes que llamaba casi todos los días con la excusa de “consultarlo” y terminaba, en la práctica, marcando línea: el senador y exintendente Carlos Linares, su antecesor inmediato Juan Pablo Luque, el diputado nacional José Glinski, el viceintendente Maximiliano Sampaoli, el histórico Néstor “Tano” Di Pierro, sindicalistas devenidos en pseudodirigentes y un pelotón de referentes de menor cuantía que con el tiempo había aprendido el camino más corto al teléfono del jefe comunal.


Reunión pautada, tema concreto y punto final

La nueva regla sería sencilla y, sobre todo, verificable: reunión pautada, tema concreto y punto final. Nada de llamados a las ocho de la mañana para bajar una idea que después había que ejecutar. Nada de agendas paralelas construidas en conversaciones que nadie registra. Quien tuviera un planteo institucional lo podría hacer; quien tuviera una necesidad política personal tendría que hacer la fila como todos.

La lectura que hacen en su entorno es simple y no admite demasiada épica: Macharashvili no llegó a la intendencia por generación espontánea. Fue viceintendente, antes pasó por el Concejo Deliberante y por Comodoro Deportes, conoce la estructura municipal barrio por barrio y expediente por expediente, y se construyó su propio capital político. El problema, dicen quienes lo acompañan, es que ese capital estaba siendo administrado por terceros: cada decisión del Ejecutivo se leía en clave de a quién le había respondido el intendente esa semana, y no de qué había resuelto la ciudad.

Habría una sola excepción a la nueva formalidad, y sería reveladora: José González, el eterno dirigente del Centro de Empleados de Comercio. Con él, el intendente seguiría hablando por fuera del protocolo, cuando hiciera falta y sin agenda de por medio. La diferencia, explican cerca de Macharashvili, no sería de afecto sino de contenido. González no llama para pedir cargos ni para reclamar espacios en una lista: llama para hablar del comercio, de las persianas que bajan en el centro, del empleo privado y del pulso real de una ciudad golpeada por la retracción de la actividad en la Cuenca del Golfo San Jorge.


La caja: aprietes, escasez y varios miles de millones

Si la decisión política llega ahora es porque hay respaldo material para sostenerla. En estos años Macharashvili se bancó aprietes, movidas y presiones de todos los frentes —gremiales, empresarias, políticas— para que el municipio soltara plata que no tenía. No la soltó. En el peor contexto económico que Comodoro recuerde en décadas, con la caída de la actividad petrolera pegándole de lleno a la coparticipación y a la recaudación propia, la administración cerró cada ejercicio sin desbarrancarse.

El resultado es que hoy el intendente está sentado sobre varios miles de millones de pesos. En una ciudad donde la palabra “déficit” fue durante años sinónimo de gestión municipal, la caja ordenada dejó de ser un detalle contable para convertirse en un activo político. Quien tiene fondos propios no necesita pedir permiso.


El talón de Aquiles: el transporte. La obra pública.

Pero el dato que Macharashvili puede exhibir ante propios y extraños es otro, y es el más difícil de discutir: resolvió el tema que fue el talón de Aquiles de todas las gestiones municipales de Comodoro Rivadavia. El transporte público de pasajeros.

Intendente tras intendente, el sistema de colectivos funcionó como un problema heredado que nadie se animaba a tocar de fondo. Se negociaba, se subsidiaba, se toleraba. Macharashvili se cargó a Patagonia Argentina después de medio siglo de prestación y puso una empresa nueva en la calle. El proceso incluyó licitación, presentaciones judiciales de la firma saliente, una transición contrarreloj y un pulso que en más de un momento pareció que se le iba a escapar de las manos.

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No se le escapó. El 1° de agosto, a las 5:15 de la mañana, Sol Bus —del Grupo MR, de San Luis— salió a la calle con una flota inicial de unidades cero kilómetro, un mapa reorganizado de líneas, nuevas circulares y una concesión a diez años. Habrá ajustes, quejas por recorridos y semanas de rodaje, como en cualquier cambio de esta magnitud. Pero el hecho político está consumado: alguien finalmente se hizo cargo del problema que todos preferían patear para adelante.

Por lo demás, el balance que puede mostrar es de perfil bajo y sin sobresaltos. Se ejecuta obra pública: poca, pausada, pero ordenada y visible. Y no suenan casos graves de corrupción, algo que en la política comodorense de las últimas décadas no es un mérito menor, sino casi una rareza.


Malestar, operaciones y una lectura de soberbia

Nadie en el entorno del intendente cree que la movida vaya a salir gratis. Habrá malestar en quienes hasta ayer tenían línea directa. Habrá operaciones, algunas más elaboradas que otras, y no faltará quien traduzca la decisión como un ataque de soberbia o como un portazo al peronismo comodorense que lo llevó al sillón municipal.

En el círculo chico responden con un argumento difícil de refutar: en el peronismo de Comodoro el poder se ejerce o se delega, y no hay una tercera opción. Un intendente que decide en función del último llamado no gobierna, administra la agenda de otros.


El nombre que empezó a sonar

Hay una señal que en la política provincial no pasó desapercibida: algún dirigente de peso ya empezó a mencionar el nombre de Macharashvili y a tirarlo sobre la arena, en un tablero chubutense que se acomoda de cara a las próximas provinciales.

No es casual. En un peronismo sin conducción clara desde hace años, la combinación de caja ordenada, gestión sin escándalos y un problema histórico resuelto es exactamente el tipo de capital que empieza a escasear.

La síntesis la hacen, con ironía comodorense, varios de los que hasta ayer discaban su número a las ocho de la mañana: se reían del “sombrero”, y ahora el “sombrero” empezó a cotizar en bolsa. Y en alza.

De acá en adelante, entonces, los aciertos y los errores van a ser suyos. Sin intermediarios, sin tutores y sin llamados de madrugada. Es, en definitiva, la única forma que existe de tener peso propio: hacerse cargo.


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