La cuestión Malvinas volvió a ocupar un lugar central en la agenda del Gobierno de Javier Milei luego de una serie de declaraciones de Donald Trump que abrieron una inesperada ventana de oportunidad para la Argentina. Aunque desde la Casa Blanca no hubo un anuncio formal de intervención, en el Gobierno comenzaron a explorar distintas alternativas para conseguir un mayor involucramiento de Estados Unidos en el conflicto con el Reino Unido.
La situación tomó impulso después de que Trump cuestionara públicamente la histórica posición de neutralidad estadounidense respecto de Malvinas. La declaración generó una inmediata reacción en Londres, pero en la Casa Rosada fue interpretada como una posibilidad para instalar nuevamente el reclamo argentino en la agenda internacional.
La discusión llegó rápidamente al Gobierno. El canciller Pablo Quirno expuso la situación durante una reunión de Gabinete y Santiago Caputo fue uno de los principales impulsores de aprovechar el escenario. La posibilidad de realizar una cadena nacional comenzó a tomar fuerza y, en pocas horas, distintas iniciativas que ya estaban siendo analizadas por el Ejecutivo fueron integradas en una estrategia más amplia.
Desde el Gobierno admiten que no existió una coordinación formal con Washington para el anuncio presidencial. Estados Unidos fue informado de manera informal, mientras que el encuentro que Milei mantuvo en Chile con la subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública, Sarah Rogers, alimentó algunas especulaciones.
Sin embargo, detrás de la ofensiva pública existen conversaciones reservadas. Según personas al tanto de la situación, desde hace un tiempo funciona un canal informal destinado a intentar que Trump realice algún pronunciamiento capaz de modificar el escenario actual.
La expectativa más ambiciosa sería que Estados Unidos pudiera ofrecerse como mediador entre la Argentina y el Reino Unido. En el propio Gobierno reconocen, sin embargo, que una intervención de esas características aparece hoy como poco probable.
El objetivo más concreto sería conseguir que Washington acompañe la presión sobre compañías que desarrollan actividades económicas en las islas, especialmente aquellas vinculadas con la exploración y explotación de hidrocarburos.
El petróleo cambia el escenario
La cuestión energética también adquirió una relevancia creciente. Durante décadas, la exploración petrolera alrededor de Malvinas estuvo marcada por resultados decepcionantes y elevados costos. La situación comenzó a modificarse con los avances tecnológicos y el aumento del precio del petróleo.
La empresa Rockhopper encontró en 2010 una importante reserva en la zona de Sea Lion, aunque el proyecto demoró años en avanzar debido a los costos y a los riesgos derivados del conflicto de soberanía. La incorporación de la compañía israelí Navitas como socia permitió reactivar el desarrollo.
Las actuales proyecciones apuntan a que la extracción podría comenzar en 2028, con una producción estimada de unos 50.000 barriles diarios.
De concretarse, el petróleo modificaría significativamente la estructura económica de las islas, que actualmente depende en gran medida de la pesca y el turismo. La venta de licencias pesqueras representa una parte sustancial de sus ingresos, mientras que la actividad turística está concentrada principalmente durante los meses de verano.
Una estrategia que va más allá de las islas
El nuevo enfoque del Gobierno argentino no se limita exclusivamente al reclamo de soberanía. Milei vinculó Malvinas con una estrategia más amplia que contempla Tierra del Fuego, el Atlántico Sur y la Antártida.
La intención es fortalecer la infraestructura y las capacidades argentinas en la región, incluyendo el desarrollo de instalaciones militares y navales. También aparece como un elemento estratégico la futura discusión sobre la Antártida y el creciente interés internacional por sus recursos.
En ese marco, el Gobierno anunció la creación de un Consejo de Seguridad Nacional que reuniría a representantes de Defensa, Economía, Cancillería y la SIDE. El objetivo sería coordinar las distintas áreas del Estado frente a cuestiones consideradas estratégicas.
El viernes, además, se asignaron $218.000 millones adicionales para Defensa, destinados principalmente a avanzar con una base naval integrada en Tierra del Fuego y finalizar la Base Petrel, en la Antártida. A esto se sumaron otros $30.519 millones para la SIDE.
Presión sobre empresas vinculadas con Malvinas
Otro de los ejes de la nueva política oficial está relacionado con posibles sanciones contra empresas y personas vinculadas con actividades hidrocarburíferas en las islas.
El Gobierno difundió un listado inicial de 45 compañías y anticipó que el proyecto de ley que será enviado al Congreso podría alcanzar no solamente a empresas petroleras, sino también a firmas de logística, servicios financieros y seguros.
La estrategia recupera parcialmente una experiencia implementada durante el kirchnerismo. En 2011 se había aprobado una legislación orientada a sancionar a empresas relacionadas con la exploración de hidrocarburos en Malvinas. Sin embargo, aquella iniciativa tuvo escaso impacto debido a la falta de compañías con intereses simultáneos en las islas y en el territorio continental argentino.
Ahora el Gobierno considera que la situación es diferente debido al crecimiento de Vaca Muerta y al potencial energético argentino, que podría ofrecer a las empresas una alternativa de negocios en el país.
Además, las principales compañías proveedoras de servicios petroleros anunciaron que no participarán de actividades vinculadas con la explotación de hidrocarburos en las islas.
El cambio de postura de Milei
La nueva política representa también un giro en la posición que Milei había mostrado antes y durante el inicio de su Gobierno.
El Presidente había mantenido un discurso más cercano a los isleños y había mostrado una relación amistosa con el Reino Unido. Ahora, en cambio, retomó una narrativa centrada en Malvinas como una causa nacional y en la defensa de los derechos argentinos sobre el territorio.
El cambio también supone una reivindicación de conceptos como soberanía, Estado y defensa territorial, ideas que no habían ocupado un lugar central dentro de su discurso libertario.
La incógnita, a partir de ahora, será si esta nueva orientación se convertirá en una política de Estado sostenida en el tiempo o si quedará vinculada principalmente a la coyuntura generada por las declaraciones de Trump.
El Gobierno deberá demostrar que la estrategia puede mantenerse más allá del impacto inicial y que las medidas anunciadas tienen capacidad real para modificar la situación argentina frente al Reino Unido.
Fuente: La Nación — Jorge Liotti.
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