El Gobierno de Javier Milei atraviesa una etapa en la que los principales problemas de la sociedad ya no están concentrados exclusivamente en la inflación. Según una encuesta de la consultora Mide, los bajos salarios y la desocupación aparecen como las principales preocupaciones, mientras crecen la incertidumbre, el endeudamiento y las dificultades de muchas familias para llegar a fin de mes.
El relevamiento señala que el 24% de los encuestados identifica a los bajos salarios como uno de los principales problemas del país y otro 24% menciona la desocupación y el desempleo. La inflación, en cambio, aparece con el 5%. Esto representa un cambio en la agenda social respecto de los primeros meses de la gestión de Milei.
En ese contexto, el 28% de los consultados asegura que no llega a fin de mes, mientras que un 23% afirma tener muchas dificultades para hacerlo. Otro 21% llega justo, sin dinero sobrante. Solo un 15% señala que puede llegar cómodamente a fin de mes y un 10% reconoce tener algunas dificultades.
El escenario también está marcado por el endeudamiento. Datos del Banco Central citados en el análisis muestran que la deuda de las familias representa el 23% de la masa salarial total y el 12% del PBI, frente al 5% registrado en abril de 2024. Para el análisis, cuando este fenómeno alcanza a una parte importante de la población deja de ser solamente un problema privado y adquiere una dimensión política.
A pesar de estas dificultades, el Gobierno conserva niveles de confianza que lo mantienen competitivo. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella registró una suba del 6,4% y llegó a 2,06 puntos sobre un máximo de cinco. El promedio de Milei durante su gestión se ubica en 2,36, por encima del 2,27 registrado por Mauricio Macri y del 1,69 de Alberto Fernández.
El análisis plantea entonces uno de los principales desafíos políticos para Milei: poder reconocer que la sociedad y sus demandas cambiaron como consecuencia, en parte, de las propias transformaciones impulsadas por su Gobierno.
La discusión aparece vinculada con dos tipos de liderazgo. Por un lado, aquellos dirigentes que mantienen sus ideas sin importar los cambios del contexto; por otro, quienes conservan una orientación general pero adaptan sus políticas y discursos a las nuevas demandas sociales.
En el caso de Milei, el planteo sostiene que el Presidente corre el riesgo de quedar atrapado en una visión rígida de su proyecto económico. Su defensa del equilibrio fiscal, del mercado y de una menor intervención estatal continúa siendo uno de los ejes centrales de su gestión, pero el desafío aparece cuando esas políticas generan costos sociales que comienzan a ocupar un lugar importante en las preocupaciones de la población.
Otro punto señalado es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que establece beneficios para determinados sectores, entre ellos minería, petróleo y gas. Para el análisis, esto demuestra que, pese al discurso de no intervención, el Estado también establece políticas específicas para determinadas actividades económicas.
La discusión se traslada así al concepto de “destrucción creativa”, utilizado por el Gobierno para describir las transformaciones económicas. El problema, según el planteo, es que la destrucción puede producirse mucho más rápido que la creación de nuevas oportunidades, generando un período de transición con consecuencias sociales y políticas.
A esto se suma otro dato de la consultora Casa 3, dirigida por Mora Jozami. El 58% de los encuestados afirmó que alguien de su hogar tomó en los últimos meses algún préstamo, crédito, financiamiento o utilizó la tarjeta para afrontar gastos. Entre quienes habían votado a Milei, el 51% dijo no estar tan endeudado, mientras que entre los votantes de Sergio Massa el 75% manifestó estarlo.
El escenario electoral también presenta una particularidad: una parte importante de la sociedad expresa rechazo tanto hacia el oficialismo como hacia el regreso del kirchnerismo. El análisis plantea que alrededor del 60% quiere un cambio respecto de Milei, mientras que cerca del 70% tampoco desea que vuelva el espacio político que gobernó anteriormente.
De esta combinación surge una demanda difícil de satisfacer: conservar algunos aspectos del rumbo económico actual, como el equilibrio fiscal, pero incorporando mayor sensibilidad social y productiva.
En ese escenario, el Gobierno enfrenta el desafío de construir una alternativa que combine estabilidad económica y resultados concretos para la población, sin quedar atrapado en un discurso que responda a una sociedad distinta de la actual.
Fuente: LA NACION – Carlos Pagni.
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