El Gobierno de Javier Milei atraviesa una etapa marcada por nuevas tensiones internas, dificultades de coordinación y una agenda política que comienza a encontrar mayores obstáculos. Una de las situaciones que dejó en evidencia estos problemas fue la crisis generada por el decreto 690, vinculado al practicaje y pilotaje de barcos.
La medida, impulsada por el ministro Federico Sturzenegger, buscaba reducir los elevados ingresos de los más de 500 prácticos y pilotos navales, cuyos salarios superan los US$15.000 diarios. La iniciativa había sido analizada durante años y contaba con el respaldo de Milei, pero había encontrado resistencia dentro del gabinete, especialmente durante la gestión de Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad.
Con la llegada de Alejandra Monteoliva a Seguridad y Carlos Presti a Defensa, el Gobierno consideró que estaban dadas las condiciones para avanzar. Se esperaba que efectivos de la Armada y de Prefectura pudieran asumir las operaciones en caso de una medida de fuerza.
Sin embargo, la aplicación del decreto provocó un paro que paralizó a 185 barcos. Cuando el Gobierno intentó activar los mecanismos de emergencia, surgieron dificultades: la Armada informó que sólo disponía de seis oficiales preparados para reemplazar a los prácticos, mientras que Prefectura no contaba con efectivos disponibles para esa función.
La situación se agravó rápidamente. Empresas vinculadas al sector hidrocarburífero advirtieron que disponían de insumos para apenas tres días más y que, de mantenerse el conflicto, podía generarse un faltante de combustibles.
Ante ese escenario, el tema llegó a la mesa política del Gobierno. Bullrich cuestionó la decisión de Sturzenegger y, según el análisis, encontró respaldo en Karina Milei. Finalmente, la administración nacional decidió retroceder en la aplicación de la medida, aunque sin derogar el decreto, y acordó una reducción salarial para los prácticos.
Diego Santilli quedó a cargo de instrumentar el repliegue, con participación de Santiago Caputo. Dentro del oficialismo admitieron que la decisión debió haber sido analizada previamente en la mesa política y que no se habían evaluado correctamente las consecuencias operativas del conflicto.
El episodio volvió a poner sobre la mesa una serie de dificultades internas que, según el análisis, persisten más de un mes después de la salida de Manuel Adorni. Uno de los principales problemas señalados es el vínculo directo entre Sturzenegger y Milei, que permitiría que determinadas iniciativas lleguen al Presidente sin pasar previamente por la mesa política.
También se plantea que la mesa política del Gobierno ganó integrantes y dinámica con la renovación del gabinete, pero perdió capacidad de coordinación. Karina Milei mantiene una fuerte influencia, mientras que Santilli aparece como uno de los principales encargados de resolver situaciones de emergencia. Los Menem tienen una participación intermitente y Santiago Caputo atraviesa una etapa de menor exposición.
Otro punto señalado como especialmente relevante es el creciente aislamiento de Milei respecto de la gestión cotidiana. Según el análisis, el Presidente habría reducido su participación directa en algunos conflictos recientes, como el de los prácticos navales y el debate por la Ley de Tierras, mientras concentra su atención en Olivos, sus viajes y la teoría económica.
Esta situación también habría quedado reflejada en el tratamiento del proyecto relacionado con la extranjerización de tierras. El Gobierno no habría logrado interpretar correctamente el clima social y político generado después del Mundial y tampoco pudo construir un argumento convincente para defender la eliminación del límite a la compra de tierras por parte de extranjeros.
A esto se sumó el malestar dentro del Congreso frente a los proyectos impulsados por Sturzenegger, que reúnen numerosos temas sensibles dentro de iniciativas de gran alcance.
Malestar entre los gobernadores aliados
Otro de los problemas que enfrenta el Gobierno es el creciente cansancio de algunos gobernadores aliados frente a las indefiniciones de la Casa Rosada sobre el escenario electoral.
Entre los mandatarios que habrían expresado sus cuestionamientos aparecen Osvaldo Jaldo, de Tucumán; Rolando Figueroa, de Neuquén; Hugo Passalacqua, de Misiones; y Gustavo Sáenz, de Salta.
El esquema de negociación individual entre el Gobierno y gobernadores, senadores y diputados habría comenzado a perder efectividad. Según el análisis, durante el verano ese mecanismo funcionó con mayor fluidez, impulsado por el triunfo electoral, pero actualmente el oficialismo habría perdido parte de ese ritmo.
También quedó pendiente el acuerdo marco que había sido conversado en junio con alrededor de una docena de gobernadores para fortalecer la economía y acompañar el camino electoral.
Una agenda que busca reconectar con la sociedad
El análisis sostiene además que el Gobierno comenzó a perder parte de la capacidad que tenía en su primera etapa para interpretar el humor social.
Mientras distintos proyectos ocupan la agenda legislativa —entre ellos iniciativas vinculadas al RIGI, la inocencia fiscal y el Banco Central—, algunas propuestas de desregulación, como las relacionadas con farmacias, inmobiliarias y precios de libros, quedarían momentáneamente congeladas.
Dentro del oficialismo habría comenzado a instalarse la idea de evitar nuevas disputas que no generen resultados concretos para la sociedad.
El denominado reformismo permanente encontró límites tanto en el Congreso como en la percepción social. Según el análisis, las iniciativas del Gobierno no siempre tienen un impacto directo sobre la vida cotidiana y esto puede terminar debilitando uno de los principales mandatos con los que llegó Milei al poder.
A las dificultades económicas se suma una posible erosión de la imagen de Milei como representante de una transformación profunda. Sin embargo, el rechazo al regreso de las políticas del pasado continúa funcionando como uno de los principales respaldos del Presidente.
Caída de la imagen y preocupación por la economía
Los números que maneja la Casa Rosada muestran un deterioro de la imagen de la gestión. Según esos datos, pasó de un 45% de aprobación y 55% de desaprobación a comienzos de año, a un 35% de imagen positiva y 65% negativa actualmente.
Sin embargo, el oficialismo conserva aproximadamente un tercio del electorado como piso y continúa siendo competitivo de cara al próximo año.
Una encuesta de la consultora Escenarios, realizada por Federico Zapata y Pablo Touzón, señala además que se quebró uno de los principales activos del Gobierno: las expectativas positivas. El 52,9% de los consultados considera que estará peor económicamente dentro de un año.
El estudio también indica que entre el 70% y el 90% de los encuestados responsabiliza al actual Gobierno por diferentes problemas económicos y que la lucha contra la corrupción perdió parte del peso que tenía como bandera del oficialismo.
De acuerdo con el análisis citado, el deterioro del Gobierno dejó de ser solamente coyuntural y comenzó a configurar un malestar más estructural.
Pese a este escenario, Milei no tendría previsto modificar sus prioridades. Dentro de su entorno sostienen que continuará concentrado en reducir la inflación y controlar el gasto público, aun cuando las demandas sociales comienzan a orientarse más hacia el empleo, el poder adquisitivo, la producción y el acceso al crédito.
En paralelo, el ministro de Economía, Luis Caputo, mantiene preocupación por la lentitud de la recuperación económica. Según el análisis, estaría dispuesto a aceptar una reducción más lenta de la inflación para impulsar el crédito, el consumo y la actividad, aunque Milei mantiene la lucha contra la inflación como prioridad.
Uno de los principales problemas identificados es la falta de circulación de dinero y el escaso flujo de dólares. En ese contexto, el Gobierno avanzó en una propuesta para modificar el esquema monetario y permitir que los bancos otorguen préstamos en dólares utilizando parte de los aproximadamente US$7000 millones que actualmente permanecen inmovilizados.
El acuerdo para avanzar con esa iniciativa se habría alcanzado en los últimos días y se espera que sea anunciado durante las próximas semanas.
El desafío para el Gobierno será evitar que estas decisiones vuelvan a quedar atrapadas en los problemas de coordinación interna que, según el análisis, comenzaron nuevamente a afectar su funcionamiento.
Fuente: LA NACION — análisis de Jorge Liotti.
💬 Comentarios (0)