URGENTE

El deshielo revela un cementerio de reptiles marinos de hace 131 millones de años en la Patagonia

El retroceso del glaciar Tyndall, en el sur de Chile, dejó expuestos más de 90 esqueletos de ictiosaurios. El extraordinario yacimiento permite conocer cómo vivían y se reproducían estos animales, pero también plantea una carrera contra el clima y la erosión para preservar los fósiles.

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El retroceso de uno de los grandes glaciares de la Patagonia chilena está dejando al descubierto un tesoro paleontológico excepcional: más de 90 esqueletos de ictiosaurios, reptiles marinos que habitaron los océanos hace aproximadamente 131 millones de años, durante el Cretácico Temprano.

Los restos se encuentran en las inmediaciones del glaciar Tyndall, dentro del Parque Nacional Torres del Paine, en la Región de Magallanes. La concentración y el estado de conservación de los fósiles convirtieron al lugar en uno de los yacimientos de ictiosaurios más importantes del hemisferio sur.

Aunque su aspecto era semejante al de los actuales delfines, los ictiosaurios no eran mamíferos ni dinosaurios: eran reptiles completamente adaptados a la vida marina. Poseían cuerpos alargados, grandes ojos, aletas y mandíbulas preparadas para capturar peces y otros animales.

Los ejemplares localizados en Tyndall corresponden a diferentes etapas de desarrollo, desde individuos recién nacidos hasta adultos. Esa diversidad ofrece a los especialistas una oportunidad poco frecuente para reconstruir cómo vivían, cazaban, se reproducían y morían estos habitantes de los antiguos mares patagónicos.

El sitio comenzó a llamar la atención científica en 2003, cuando se documentaron restos fósiles en el borde del glaciar. Desde entonces, sucesivas campañas permitieron reconocer una acumulación extraordinaria de esqueletos, cuyo estudio reúne a investigadores de Chile, Argentina, Alemania y el Reino Unido.

Fiona, el hallazgo más extraordinario

Entre los ejemplares recuperados se destaca “Fiona”, una hembra preñada de aproximadamente cuatro metros de longitud que conservaba un embrión en su interior. El fósil fue identificado en 2009, pero las dificultades de acceso y las complejidades de la extracción hicieron que recién pudiera ser retirado de la roca en 2022.

Su recuperación demandó una expedición de varias semanas en un ambiente extremo. El bloque que contenía el esqueleto debió ser trasladado mediante un helicóptero debido al peso y a la ubicación remota del yacimiento.

Fiona es considerada el primer ictiosaurio completo excavado en Chile y uno de los pocos ejemplares preñados de esa antigüedad conocidos en el mundo. Los análisis también permitieron encontrar restos de peces en su aparato digestivo y estudiar diferentes aspectos de su anatomía.

Una ventana a un océano desaparecido

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Hace 131 millones de años, el paisaje de la Patagonia austral era completamente diferente. El territorio actualmente cubierto por montañas, hielo y lagos formaba parte de un ambiente marino en el que convivían peces, moluscos y grandes reptiles.

Las condiciones particulares del fondo oceánico habrían favorecido la conservación de los animales muertos. Con el paso de millones de años, sus cuerpos quedaron sepultados bajo sedimentos que posteriormente se transformaron en roca.

El avance de los hielos terminó ocultando aquellos estratos. Ahora, el retroceso del glaciar vuelve a exponerlos y permite que la ciencia acceda a una parte desconocida de la historia natural de la región.

Una carrera contra el tiempo

El fenómeno presenta, sin embargo, una profunda contradicción. La pérdida de hielo facilita la aparición de nuevos fósiles, pero al mismo tiempo los deja desprotegidos frente a la lluvia, el viento, las bajas temperaturas y la erosión.

Cada esqueleto que queda expuesto comienza a deteriorarse, por lo que los investigadores deben identificarlo, documentarlo y, cuando las condiciones lo permiten, recuperarlo antes de que sea destruido.

El glaciar Tyndall continúa retrocediendo y nuevas superficies rocosas aparecen progresivamente. Los especialistas consideran probable que todavía existan numerosos ejemplares ocultos bajo el hielo.

La Patagonia vuelve así a confirmar su extraordinaria riqueza paleontológica. Allí donde hoy dominan el hielo y las montañas, alguna vez existió un océano poblado por enormes reptiles marinos. Millones de años después, el deshielo está abriendo una inesperada ventana hacia aquel mundo perdido.

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