Los orígenes
Nació en Trelew el 19 de marzo de 1954, hizo la primaria y la secundaria en su ciudad y estudió abogacía en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral. Se inició en el radicalismo de la mano de Mario Abel Amaya y Atilio Oscar Viglione, y en 1982 fue designado apoderado de la UCR de Chubut durante la reorganización partidaria del final de la dictadura. Esa filiación no es un dato decorativo. Amaya, abogado y exdiputado radical chubutense, murió en la cárcel de Devoto en octubre de 1976 a consecuencia de las torturas sufridas durante la dictadura; había sido defensor del gremialista Agustín Tosco y colaboró en la defensa vinculada a la Masacre de Trelew. Cimadevilla se formó en esa tradición: la del radicalismo del valle, litigante, con causas antes que con cargos.
La carrera
Fue presidente del Comité provincial, diputado provincial y ministro de Bienestar Social del gobernador Carlos Maestro entre 1991 y 1992. En 2009 llegó al Senado nacional, donde permaneció hasta 2015, y en 2010 el bloque radical lo designó como su representante en el Consejo de la Magistratura, en reemplazo de Ernesto Sanz.
Cerro Dragón: la pelea de su vida
Si hay un expediente que define a Cimadevilla, es Cerro Dragón. En abril de 2007, con la Ley Corta recién sancionada, Mario Das Neves y el director de Pan American Energy, Carlos Bulgheroni, firmaron la prórroga del principal yacimiento petrolero del país: la concesión, que vencía en noviembre de 2017, se extendió hasta 2027 con una cláusula que habilitaba llegar hasta 2047. Se renegoció diez años antes del vencimiento y la Legislatura la ratificó casi sin resistencia. Cimadevilla se paró de manos. Fue el opositor más acérrimo y más constante de ese contrato, cuando buena parte de su propio partido acompañaba o miraba para otro lado. Lo denunció como una entrega de un recurso no renovable a cambio de regalías miserables, lo persiguió en tribunales, lo llevó al Senado y lo convirtió en su bandera pública. Su síntesis de aquellos años todavía se le escucha: los gobernadores, dice, son "los siervos de las empresas petroleras".
La pelea escaló hasta Nueva York. Cuando British Petroleum, accionista principal de PAE, se autodenunció ante la Comisión de Valores (SEC) por presuntos pagos irregulares vinculados a esa extensión, Cimadevilla viajó en febrero de 2015 a Estados Unidos y se reunió con dos representantes de la SEC, un fiscal y un agente del FBI. Sostuvo que la petrolera habría pagado hasta 300 millones de dólares por la renovación y que al menos 47 millones se habrían triangulado a través de Cliveden, del grupo Vila-Manzano. La causa local quedó en manos del juez federal Rodolfo Canicoba Corral, que lo citó a declarar como testigo. La empresa le respondió con solicitadas; él contestó con otra. Nadie en Chubut discutió Cerro Dragón sin nombrarlo.
La AMIA y el portazo
En diciembre de 2015, Mauricio Macri creó una secretaría de Estado para seguir las causas AMIA y Nisman y puso al radical chubutense al frente. Duró poco más de dos años. En marzo de 2018 la Unidad Especial se disolvió y con ella terminó su paso por Cambiemos; desde entonces acusó públicamente al ministro de Justicia, Germán Garavano, de tener intereses creados en la investigación por su vínculo con fiscales querellados por el propio Estado, y sostuvo que lo presionaban para no acusar a los exfiscales Eamon Mullen y José Barbaccia. Meses después denunció un robo en su casa en el que revisaron sus papeles de trabajo y no se llevaron bienes.
El operador eterno
En noviembre de 2019 perdió la interna partidaria en Gobernador Costa ante Jacqueline Caminoa por 38 votos a 30, en una jornada atravesada por una denuncia sobre supuestas cuentas offshore que desmintió de plano. No se fue. Nunca se va. Perder una interna, para Cimadevilla, es apenas cambiar de instrumento: donde no llega con votos llega con la radio, la denuncia pública y el teléfono.
Hoy: retirado pero no tanto
La interna radical de agosto lo mostró otra vez en el centro de la escena, sin ser candidato a nada. Antes del plenario de Esquel denunció que dirigentes intentaban condicionar el voto de los delegados con cargos en la administración pública, favores del Gobierno o necesidades personales. "Han salido sin ningún tipo de vergüenza a presionar a delegados", disparó, y calificó esas prácticas de extorsivas; también consideró inadmisible la intervención del gobernador en una interna de la UCR, porque "no es radical".
Su artillería apunta también hacia adentro. Cuestionó a los legisladores radicales que respaldaron la reelección indefinida de intendentes y proyectos de Javier Milei, y les recordó que "para ser radical no hace falta tener una afiliación", sino defender principios. Reclama que el partido fije posición sobre la extranjerización de tierras, la Ley de Pesca, las concesiones hidroeléctricas y los pasivos ambientales de YPF en Comodoro Rivadavia. Y ya puso su veto anticipado a una eventual candidatura a senador de Jorge "Loma" Ávila, a quien acusa de haber sido cómplice del saqueo del petróleo chubutense: si el dirigente petrolero busca la Cámara alta, lo va a tener "en la vereda de enfrente".
El final abierto
El 29 de agosto, en la Sociedad Rural de Esquel, Gerardo Merino se impuso por 40 votos contra 25 a Sergio Guajardo y sucedió a Gustavo Menna al frente de la UCR, con el respaldo explícito de Ignacio Torres. Ganó, otra vez, el sector que Cimadevilla cuestiona. Y ahí es donde la película se vuelve interesante. Porque el hombre que denunció la intromisión del gobernador en la interna radical es, al mismo tiempo, el que ordena la agenda que el propio Torres necesita instalar de acá a 2027: tierras, pesca, hidroeléctricas, pasivos de YPF, petróleo. Nadie golpea tan fuerte hacia adentro del partido y tan alineado, en el fondo, con la épica provincial que despliega el Gobierno.
En la rosca de Rawson hace rato que se dice lo que nadie firma: que ese diálogo existe, que el teléfono suena, que Cimadevilla no habla solo para la tribuna. Ninguno de los dos lo va a confirmar. Pero conviene mirarlo con atención cada vez que abra la boca. Los que lo conocen saben que Cimadevilla nunca dispara al aire: siempre está apuntando a algo. La cuestión, como siempre con él, es a qué.
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