La Organización de las Naciones Unidas encendió una señal de alerta ante la posibilidad de que el fenómeno climático de El Niño alcance una intensidad sin precedentes hacia finales de 2026, con consecuencias que podrían extenderse durante buena parte de 2027.
Según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado este miércoles 21 de octubre, las temperaturas superficiales del océano Pacífico tropical podrían registrar una anomalía promedio de 3,8 grados centígrados por encima de los valores habituales durante el período comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
De concretarse esta previsión, se trataría de un episodio extraordinario, con capacidad de modificar los patrones de precipitaciones y temperaturas en diferentes regiones del planeta.
Un fenómeno que podría superar todos los registros
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que el actual episodio de El Niño podría alcanzar una intensidad nunca observada durante las últimas cuatro décadas de monitoreo.
Los especialistas prevén que el fenómeno llegue a su punto máximo durante diciembre, aunque sus consecuencias podrían mantenerse incluso después de que comiencen a disminuir las temperaturas del Pacífico.
El calentamiento anormal de las aguas oceánicas altera la circulación atmosférica y modifica la distribución de las lluvias, generando condiciones que pueden favorecer inundaciones en algunas regiones y sequías prolongadas en otras.
Los organismos internacionales también advierten que estos cambios pueden afectar la producción agropecuaria, los recursos hídricos, la infraestructura y distintas actividades económicas.
¿Qué puede pasar en Argentina?
Argentina es uno de los países sudamericanos donde El Niño puede provocar alteraciones significativas en el régimen de precipitaciones.
Históricamente, los episodios intensos estuvieron asociados con mayores probabilidades de lluvias superiores a lo normal en sectores del Litoral y el noreste argentino, especialmente durante la primavera y el verano.
Esto puede incrementar el riesgo de crecidas de ríos, inundaciones y complicaciones para la producción agropecuaria.
Sin embargo, los especialistas aclaran que la intensidad de El Niño no determina automáticamente la magnitud de los eventos meteorológicos en cada región.
Los efectos dependen de múltiples factores atmosféricos y de las condiciones climáticas particulares de cada territorio.
¿Y qué podría ocurrir en la Patagonia?
En la Patagonia, la influencia de El Niño presenta características diferentes a las observadas en el norte y centro del país.
Sus efectos pueden variar considerablemente entre la región cordillerana, la meseta y las ciudades de la costa atlántica.
En provincias como Chubut y Santa Cruz, resulta especialmente importante seguir la evolución de las precipitaciones, las temperaturas y la disponibilidad de agua, tanto para las actividades productivas como para las poblaciones.
No obstante, todavía no es posible afirmar que este episodio provocará lluvias extraordinarias, sequías o temporales específicos en Comodoro Rivadavia, Rada Tilly, Trelew o Puerto Madryn.
Para establecer riesgos concretos será necesario seguir los pronósticos regionales y las actualizaciones del Servicio Meteorológico Nacional.
La importancia de anticiparse
La advertencia de Naciones Unidas vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de que los gobiernos nacionales, provinciales y municipales fortalezcan sus sistemas de prevención y respuesta frente a eventos climáticos extremos.
La planificación de obras hidráulicas, el mantenimiento de los sistemas de drenaje, el monitoreo de cuencas y la preparación de los organismos de protección civil adquieren especial importancia ante escenarios de mayor incertidumbre climática.
En ciudades patagónicas que ya han experimentado las consecuencias de precipitaciones extraordinarias, como Comodoro Rivadavia, la discusión sobre la infraestructura necesaria para enfrentar estos fenómenos mantiene plena vigencia.
El Niño no significa que necesariamente se repetirá una catástrofe, pero sí constituye una señal que obliga a prestar atención a la evolución del clima.
La advertencia internacional deja planteado un desafío para la Patagonia: prepararse frente a posibles fenómenos extremos antes de que sus consecuencias vuelvan a poner a prueba la infraestructura de nuestras ciudades.
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