El peligro de este gusano yace en sus pelos urticantes, que desprende como un mecanismo de defensa. De hecho, las mascotas y los niños más sensibles pueden sufrir un choque anafiláctico. Además, las plagas son capaces de defoliar pinares enteros.
Por ello, en un área forestal al norte de la capital, de alrededor de 320 hectáreas, un laboratorio, desde el año pasado, trata de descubrir «cuál es la mejor trampa, tanto desde el punto de vista económico como biológico», como explica el subdirector de Parques y Viveros, Santiago Soria.
Durante la primavera, centenares de orugas procesionarias descienden de su nido, en las ramas de los pinos y cedros, en busca de su entierro y posterior metamorfosis. El calor de este año ha adelantado esta procesión —de ahí su nombre—, por lo que el Ayuntamiento de Madrid ya ha puesto en marcha la campaña de control de estos insectos, que ha permitido eliminar más de 60.000 bolsones (nidos).
«Esperamos retirar a lo largo de los próximos meses 100.000 bolsones [el año pasado, fueron 95.000]», dijo el delegado de Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, en la finca de Tres Cantos, banco de pruebas para exterminar esta especie perjudicial para las personas, animales y árboles.
Durante un mes, la campaña de control, para la que se destinan casi 3 millones de euros —el mismo presupuesto que gastará el Consistorio en exterminar, en dos años, a 12.000 cotorras argentinas— , barrerá todos los parques de la capital. «Esperamos llegar a resultados igual o mejores que el año pasado», apunta Soria. Si bien no disponen de datos hospitalarios para comprobar la eficacia de la operación, el objetivo es «llegar a un nivel anecdótico [de casos de reacciones alérgicas por la oruga procesionaria] en los próximos años», señala.
Fuente: ABC españa


