Durante décadas, Argentina fue una de las grandes referencias turísticas de Sudamérica. La diversidad de sus paisajes, la Patagonia, Buenos Aires, las Cataratas del Iguazú, Mendoza y el Norte argentino construyeron una marca reconocida internacionalmente.
Pero los últimos números encendieron una luz de alarma.
Los datos difundidos esta semana indican que durante 2025 Argentina recibió alrededor de 5,68 millones de turistas internacionales, registrando una caída cercana al 14% y ubicándose entre los destinos que más retrocedieron en cantidad de visitantes.
El resultado modificó el mapa turístico regional. Brasil cerró 2025 con un récord de aproximadamente 9,3 millones de turistas internacionales, mientras Chile superó los 6 millones de visitantes y Colombia continuó consolidando su crecimiento.
Argentina, que durante años estuvo entre los destinos líderes de Sudamérica, perdió posiciones.
Mientras los vecinos crecen
El contraste resulta particularmente significativo porque el retroceso argentino ocurre mientras otros países de la región avanzan con políticas agresivas de promoción, conectividad aérea, captación de inversiones y posicionamiento internacional.
Brasil terminó 2025 con cifras históricas y un crecimiento superior al 37% en las llegadas internacionales.
Chile, por su parte, recibió 6.004.567 turistas extranjeros, un 14,6% más que durante 2024 y su mejor resultado desde 2017.
Colombia también viene sosteniendo una política de expansión internacional basada en promoción, conectividad y diversificación de destinos, posicionando al turismo como una actividad estratégica para generar empleo y divisas.
Los resultados muestran que ya no alcanza con tener atractivos naturales.
Los destinos compiten.
Compiten por vuelos, inversiones, eventos internacionales, promoción, infraestructura y, fundamentalmente, por lograr que un turista elija un país por encima de otro.
Un problema que continúa en 2026
La preocupación no se limita a los números de 2025.
Los últimos datos disponibles del INDEC muestran que la Argentina continúa registrando un fuerte desequilibrio entre los extranjeros que llegan y los argentinos que viajan al exterior.
En junio de 2026 ingresaron al país 329.200 turistas, mientras que 501.900 argentinos viajaron al exterior, dejando un saldo negativo de aproximadamente 172.700 turistas.
Un mes antes, en mayo, la diferencia había sido todavía mayor: ingresaron 379.900 turistas extranjeros y salieron 661.900 residentes argentinos.
La ecuación refleja un doble desafío: recuperar turistas internacionales y, al mismo tiempo, volver competitivo el turismo dentro del país.
El precio de perder competitividad
El turismo es mucho más que hoteles y agencias de viajes.
Cada turista internacional que llega consume alojamiento, gastronomía, transporte, excursiones, comercio y servicios. Genera empleo privado y, fundamentalmente, introduce divisas directamente en las economías regionales.
Por eso, la caída del turismo receptivo tiene consecuencias que exceden ampliamente al propio sector.
Y allí aparece uno de los principales interrogantes: ¿Argentina dejó de ser competitiva?
Los costos internos, la relación cambiaria, la conectividad aérea, la presión impositiva sobre las empresas, el precio de los servicios y la falta de continuidad de las políticas de promoción internacional forman parte de una discusión que el sector turístico viene planteando desde hace tiempo.
Mientras tanto, países vecinos parecen haber entendido que el turismo internacional no llega solamente porque existan buenos paisajes: hay que salir a buscarlo.
La Patagonia también juega esta competencia
Para la Patagonia, la discusión resulta todavía más relevante.
Argentina y Chile comparten uno de los territorios turísticos más reconocidos del planeta. Montañas, glaciares, lagos, parques nacionales y enormes extensiones naturales constituyen una ventaja extraordinaria.
Pero también existe una competencia creciente por captar al visitante internacional.
Chile viene fortaleciendo su posicionamiento asociado al turismo de naturaleza, la conservación y sus parques nacionales, mientras Argentina conserva destinos mundialmente reconocidos como Bariloche, El Calafate, Ushuaia, Península Valdés y toda la región cordillerana patagónica.
El desafío pasa por transformar ese patrimonio natural en una estrategia competitiva.
Porque tener los recursos no garantiza el liderazgo.
Una oportunidad para volver a discutir el turismo
La pérdida de posiciones de Argentina debería funcionar como una señal de advertencia, pero también como una oportunidad.
El país continúa teniendo algunos de los atractivos turísticos más importantes del mundo y una enorme capacidad empresarial instalada. Lo que aparece nuevamente en discusión es qué lugar quiere darle Argentina al turismo dentro de su estrategia económica.
Brasil, Colombia y Chile están mostrando que cuando promoción, conectividad, inversión privada y políticas públicas funcionan de manera coordinada, los resultados aparecen.
Argentina tiene los recursos naturales, culturales y humanos para recuperar terreno.
La pregunta es si volverá a considerar al turismo simplemente como una actividad que acompaña a la economía o si finalmente lo convertirá en una verdadera política de Estado capaz de generar empleo, inversión y divisas en cada rincón del país.
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