Eisten decenas de candidatos a vacunas y solo un puñado está en fase de experimentación en humanos. Uno de ellos es la vacuna experimental de la Universidad de Oxford. Estos científicos trabajan con un adenovirus de chimpancé, modificado genéticamente para que no infecte con normalidad, y de nombre ChAdOx1. Éste actúa como un vehículo que introduce una secuencia concreta del SARS-CoV-2 para que las células humanas produzcan una proteína del coronavirus que pueda activar una respuesta inmune. Al menos en teoría.
Gracias al trabajo previo con este vehículo de nombre ChAdOx1, los investigadores de Oxford han diseñado unos ensayos clínicos en los que han combinado una fase I, en la que normalmente se evalúa la seguridad de un candidato a vacuna en cientos de personas, con una fase II, donde se evalúa la inmunización conferida por la supuesta vacuna en miles de personas, para agilizar el proceso. Han afirmado que harán el estudio en 6.000 personas y que los resultados estarán listos a finales de mayo.
Por otra parte, la compañía estadounidense Moderna, que fue la primera en inyectar una vacuna en un voluntario, trabaja con una vacuna fácil y rápida de desarrollar, basada en la inyección de fragmentos de ARN, pero que nunca antes se ha empleado en un fármaco que haya sido aprobado. De momento, está llevando a cabo un pequeño ensayo de fase I con voluntarios sanos. La también estadounidense compañía Inovio trabaja en una aproximación similar en la que el material genético es ADN y no ARN, también en la fase I.
La empresa china Cansino emplea una técnica similar a la usada por los investigadores de la Universidad de Oxford. En este caso, han recurrido a un adenovirus de humanos como vehículo para insertar una porción del material genético del coronavirus. Tienen en marcha un ensayo de fase I y un ensayo de fase II, con 108 y 500 voluntarios, respectivamente.
La semana pasada, la compañía china Sinovac anunció haber inmunizado con éxito a cuatro macacos Rhesus con una vacuna convencional, que consiste en la inactivación del virus por métodos químicos para inyectarlos y activar la inmunidad. Su intención de comenzar ensayos masivos en humanos después del verano. Por el momento, está llevando a cabo estudios de seguridad en 144 voluntarios. Esta empresa espera comenzar la fase II a mediados de mayo, con inyecciones a 1.000 personas, con sus resultados listos para finales de junio. Investigadores del Ejército chino tienen en marcha ensayos de fase I con otra vacuna similar, basada en un virus inactivado.
Además de estas, existen otras muchas aproximaciones para buscar la vacuna para el Covid-19, que llevarán más tiempo pero que tienen una gran probabilidad de ser eficaces. Instituciones como la Escuela de Medicina de Baylor, en Estados Unidos, está investigando la inmunidad proporcionada por proteínas recombinantes (modificadas) e incluso la inmunidad para el Covid-19 proporcionada por una vacuna para experimental para el SARS. Otros laboratorios, como el Instituto Serum de India o el laboratorio de Luis Enjuanes, investigador del CSIC, trabajan en crear versiones modificadas del coronavirus para activar la respuesta inmunológica. Su gran ventaja es proporcionar una respuesta inmune completa y duradera.
¿PARA EL AÑO QUE VIENE?
Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de las estimaciones más optimistas sitúan la llegada de la vacuna para comienzos o mediados del año que viene, sin contar con el trabajo de producción y distribución que será necesario para vacunar a la población de forma masiva.
Por ahora, los proyectos más avanzados han obtenido como mucho resultados muy preliminares en animales de experimentación, pero ninguno ha conseguido datos que prueben la seguridad y la eficacia de los candidatos a vacunas en las personas.
Hasta ahora, solo se han obtenido resultados sobre la eficacia y la seguridad de los candidatos a vacuna en animales de laboratorio
«Una cosa es tener una idea que parece buena y otra la realidad», ha explicado a ABC Vicente Larraga, profesor de investigación del CSIC que lleva 20 años trabajando en el desarrollo de vacunas. «Muchos candidatos se quedarán en el modelo animal por no dar protección suficiente».
La gran ventaja de la vacuna de Oxford es que emplea una plataforma ya puesta a prueba en ensayos clínicos para otras vacunas experimentales para el MERS, el chikungunya, la gripe, la peste, el zika o la tuberculosis. Pero incluso así, es necesario probarlo en estudios clínicos.
Fuente: ABC España


