El esquivo y misterioso narval , también denominado unicornio marino por el característico cuerno de los machos, es un cetáceo que pasa la mayor parte del tiempo en las profundidades del océano Ártico. En verano suele acercarse a las costas, pero es difícil de estudiar porque se asusta demasiado rápido. Enseguida huye cuando se acercan los humanos con sus barcos y lanchas a motor.
Sin embargo, dos investigadores de la Universidad de Hokkaido (Japón) se unieron a las sigilosas cacerías que organizan los inuit con sus kayaks para grabar los sonidos de estos cetáceos, obteniendo una información muy valiosa para conocer el comportamiento de estas criaturas tímidas y misteriosas.
Para llevar a cabo la misión, utilizaron micrófonos subacuáticos acoplados a pequeñas embarcaciones, los científicos se acercaron a 25 metros de los narvales , reunieron 17 horas de grabaciones, un trabajo sin precedentes, y lograron captar tanto sus llamadas sociales como los sonidos que emiten para buscar alimento: bancos de peces.
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Las vocalizaciones para comunicarse con sus congéneres se parecen a silbidos. Sin embargo, usan clics para la ecolocación, ese sónar biológico que emplean delfines, murciélagos, ballenas y otros animales para navegar y localizar a sus presas.
Cuanto más se aproximan los narvales a su comida, más rápido hacen los clics, y llega un punto en que el ruido se parece al de una motosierra, un zumbido final que ayuda a identificar la ubicación del inquieto alimento. «Si te acercas y apuntas a estos peces rápidos, mejor saber con precisión dónde están, y para ello necesitas reunir la información con más frecuencia», explicó Evgeny Podolskiy , el investigador principal.
Para escuchar y visualizar cómo utilizan los narvales sus diferentes sonidos, los autores, en colaboración con la American Geophysical Union (AGU), publicaron un video con los distintos escenarios en el que dieron a conocer los resultados.
Una de las novedades del estudio, publicado en el Journal of Geophysical Research : Oceans de la AGU, ha sido confirmar de forma sonora y con avistamientos que los narvales se alimentan durante la época estival cerca de la costa, algo muy poco documentado hasta ahora. Además, sorprendentemente, se ha comprobado que se aproximan a tan solo un kilómetro del frente glaciar.


