Especialistas analizan qué aspectos de las experiencias de ambos países podrían servir como referencia para una transformación productiva en la Argentina, aunque advierten que las diferencias de contexto impiden trasladar esos modelos de manera automática.
La necesidad de modernizar la estructura productiva argentina volvió a instalarse en el centro del debate económico. En ese contexto, distintos especialistas señalan a Australia e Irlanda como ejemplos de países que lograron impulsar un crecimiento sostenido a través de reformas económicas, apertura al comercio internacional y una fuerte atracción de inversiones.
Según los analistas consultados, ambos casos muestran que la disponibilidad de recursos naturales puede convertirse en una ventaja competitiva cuando se combina con políticas de largo plazo, estabilidad macroeconómica y una estrategia orientada a generar mayor valor agregado.
En el caso de Irlanda, los economistas destacan el proceso de apertura económica iniciado durante la segunda mitad del siglo XX, acompañado por un régimen impositivo favorable para las empresas, incentivos a la inversión extranjera y un fuerte impulso a la educación y la capacitación del capital humano. Sin embargo, también remarcan que buena parte de ese crecimiento estuvo vinculado a su integración al mercado europeo y al trabajo de organismos estatales dedicados a promover inversiones en sectores tecnológicos.
Australia, por su parte, suele mencionarse como un ejemplo de diversificación económica basada en el aprovechamiento de sus recursos naturales, sumando innovación, infraestructura y una inserción internacional sostenida. Su experiencia demuestra que es posible fortalecer sectores tradicionales mientras se desarrollan nuevas industrias vinculadas al conocimiento y la tecnología.
Los especialistas coinciden en que la Argentina puede extraer enseñanzas de estas experiencias, aunque subrayan que no existen recetas universales. Cada país atravesó procesos históricos, políticos e institucionales diferentes, por lo que cualquier estrategia local deberá contemplar las particularidades de la economía argentina y construir consensos de largo plazo.
En ese sentido, consideran que una transformación productiva exitosa requerirá estabilidad económica, reglas claras para las inversiones, mejoras en educación e innovación, mayor productividad y una inserción internacional que permita ampliar mercados y generar nuevas oportunidades de desarrollo.
Fuente: LA NACIÓN, de Joaquín Lanfranchi.


