El sector entre Facundo y Los Tamariscos continúa presentando serias dificultades para la circulación, mientras crecen los cuestionamientos por la demora en las soluciones de fondo.
El estado de la Ruta Nacional 40 en el tramo que une Facundo con Los Tamariscos vuelve a ubicarse en el centro de las preocupaciones de vecinos, transportistas y viajeros que transitan por la región.
A pesar de los anuncios oficiales y del inicio de trabajos en la zona, el deterioro acumulado durante años sigue siendo evidente. Baches profundos, deformaciones del asfalto y sectores con serias complicaciones para la circulación continúan formando parte del panorama cotidiano.
En este contexto, comienzan a surgir cuestionamientos hacia el Gobierno provincial por la lentitud en el avance de las obras, en un corredor estratégico para la conectividad del sur de Chubut. Usuarios habituales de la ruta aseguran que, si bien se han registrado algunos movimientos, los cambios aún no logran revertir el estado crítico del tramo.
La situación no es nueva. Durante años, este sector de la Ruta 40 fue señalado como uno de los más deteriorados del país, generando no solo incomodidades en el tránsito sino también riesgos concretos para la seguridad vial.
A este escenario se suma un fuerte impacto económico. Prestadores turísticos de la Comarca Andina advierten que el mal estado de la ruta estaría generando pérdidas millonarias, al dificultar el flujo de visitantes hacia la región. En ese sentido, remarcan que ciudades como Comodoro Rivadavia constituyen uno de los principales mercados emisivos de turismo, por lo que las complicaciones en el acceso terminan afectando directamente la actividad.
Si bien desde el ámbito oficial se destacó la puesta en marcha de un plan de reconstrucción, con una inversión significativa y plazos de ejecución definidos, lo cierto es que en el día a día los avances todavía no se perciben con la contundencia esperada.
Mientras tanto, el mal estado del camino continúa impactando tanto en el transporte de cargas como en la circulación turística, afectando a una región que depende en gran medida de esta vía para su integración y desarrollo.
Con el paso del tiempo, la expectativa se mantiene puesta en que las obras logren finalmente transformar uno de los tramos más críticos de la red vial patagónica, aunque por ahora, las respuestas parecen avanzar a un ritmo que muchos consideran insuficiente.


