Redacción El Observador del Sur
Hace exactamente un año, La Libertad Avanza superaba el 40% en las legislativas nacionales y se convertía en la fuerza dominante del mapa político argentino. Esta semana, en su primera incursión con lista propia en el estamento de la abogacía del Consejo de la Magistratura, quedó cuarta, con el 7,6% de los votos y ninguna de las cuatro bancas en juego. La distancia entre una cifra y otra no es una anécdota corporativa: es una radiografía.
La primera limitación que muestra el resultado es la más evidente. La marca libertaria no se transfiere. El fenómeno de 2023 y 2025 fue, ante todo, un fenómeno de liderazgo personal. Cuando la boleta no lleva el rostro de Javier Milei ni se plebiscita su figura, el sello se deshidrata. En una elección donde no se discutía «Milei sí o Milei no», sino quién representa mejor a los abogados ante el órgano que selecciona y sanciona jueces, el oficialismo descubrió que su capital político no viaja solo.
La segunda limitación es de inserción. La elección de abogados es un terreno de redes: colegios departamentales, federaciones, agrupaciones con décadas de trabajo en la matrícula, presidentes de colegio que conocen a cada votante por su nombre. El radicalismo y el PRO llegaron con Ricardo Gil Lavedra como referencia; el peronismo, con dos estructuras que combinaron colegios del interior, universidades y respaldo de intendentes. La Libertad Avanza llegó con un concejal de Vicente López. No es un juicio sobre el candidato, sino sobre la arquitectura: el oficialismo sigue sin cuadros propios reconocidos en las instituciones intermedias de la sociedad.
La tercera limitación es de método. La lista se diseñó desde el Ministerio de Justicia, con el visto bueno del vértice del poder libertario y la impronta del armado bonaerense de Pareja. Es la lógica de construcción vertical que el oficialismo aplica en todo el país: listas definidas por lealtad, cerradas desde arriba y legitimadas por la marca. Esa lógica puede funcionar en una elección general nacionalizada. En un electorado profesional, que premia trayectoria y pertenencia, resulta insuficiente.
La cuarta limitación es estratégica, y quizás la más costosa. El 7% libertario no le quitó votos al peronismo: los restó del espacio de centroderecha. La lista de Angelici y Macri ganó, pero por un margen estrecho que pudo haber sido una derrota. El oficialismo compitió contra sus propios aliados y casi les entrega la elección a sus adversarios. Mientras tanto, las dos vertientes peronistas sumaron cerca del 58%, una cifra que, en cualquier otro contexto, habría encendido alarmas en la Casa Rosada.
Conviene, sin embargo, no sobreinterpretar. Votó menos de uno de cada cinco abogados habilitados, el electorado es específico y la experiencia era inaugural. Un 7% en un debut, sin estructura previa, no es irrelevante, y nada autoriza a extrapolar este resultado a 2027. Los que conocen el padrón de los colegios saben que estas elecciones tienen dinámicas propias, impermeables a las tendencias nacionales.
Pero la política se lee en señales, y esta tiene consecuencias concretas. El Gobierno ha hecho de la reforma judicial y de la cobertura de vacantes uno de sus ejes. Sin representación propia en el estamento de los abogados, cualquier avance en el Consejo dependerá de negociar con radicales, macristas y peronistas, justamente los sectores con los que acaba de medir fuerzas y perder.
La lección excede a la abogacía. Un liderazgo carismático puede ganar elecciones; gobernar instituciones requiere cuadros, alianzas y presencia en los espacios donde el poder se construye día a día. A un año de 2027, La Libertad Avanza tiene la marca más potente del país. Lo que todavía no tiene es todo lo demás.
💬 Comentarios (0)