De los fletes a Nueva Zelanda
La carrera de Sebastián Tuvio no comenzó en una oficina ni en un puesto ejecutivo. Mientras estudiaba la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales en la UADE, trabajaba para poder pagar la universidad. Uno de esos empleos era como fletero.
Sus jornadas podían comenzar a las cinco de la mañana y terminar cerca de las diez de la noche, después de cursar. “Yo tenía dos laburos cuando estudiaba. A veces el chico que manejaba el flete me dejaba en la puerta de la facultad para que no llegara tarde”, recuerda.
En diciembre de 2005, apenas cinco días después de recibirse, tomó una decisión que cambiaría su vida: viajó a Queenstown, Nueva Zelanda. Su primer contrato no tenía nada de glamoroso. Era para trabajar como housekeeper, limpiando habitaciones y haciendo camas.
“Así arrancó toda mi carrera en hotelería”, resume.
Aprender el oficio desde abajo
En Nueva Zelanda pasó una década y recorrió prácticamente todos los escalones de la operación hotelera. Fue housekeeper, auditor nocturno, recepcionista y Duty Manager.
Una de las oportunidades decisivas llegó cuando el hotel le ofreció financiarle sus estudios a cambio de trabajar de noche. Durante tres años cumplió turnos de 11 de la noche a 7 de la mañana y estudió durante el día hasta graduarse en Tourism and Hospitality Management.
“Siempre tuve trabajos donde había que romperse físicamente para crecer y eso me ayudó a entender que esto era una carrera”, sostiene.
Esa experiencia también moldeó su forma de conducir equipos: conocer desde adentro el esfuerzo que existe detrás de cada habitación, cada desayuno y cada huésped.
El café de Liam Neeson
Una anécdota de aquellos años resume su filosofía. Durante una madrugada apareció en la recepción el actor Liam Neeson y pidió un latte. Tuvio nunca había manejado profesionalmente una cafetera y no sabía cómo prepararlo.
La situación terminó convirtiéndose en aprendizaje: poco después hizo un curso de barista.
Es la misma idea que hoy transmite a los jóvenes de la industria: cada trabajo debería servir también para incorporar herramientas que acompañen la carrera profesional.
“Tenés que pensar dónde querés ir, qué querés aprender y qué herramientas querés obtener. Porque esas herramientas te las llevás vos”, explica.
El regreso a la Patagonia
Después de diez años en Nueva Zelanda, Tuvio regresó a la Argentina en 2016. Su primera escala fue Los Cauquenes, en Ushuaia, y dos años después llegó la gran oportunidad.
En 2018, con 36 años, asumió como gerente general de Las Balsas Relais & Châteaux, en Villa La Angostura.
Ubicado frente al lago Nahuel Huapi, Las Balsas combina 10 habitaciones en su Main Lodge con 10 Lakeview Villas de 120 metros cuadrados y forma parte de Relais & Châteaux, una de las colecciones internacionales más reconocidas de hoteles y restaurantes independientes.
Bajo su conducción, el establecimiento amplió su capacidad y obtuvo en 2021 la certificación como Empresa B, incorporando a su propuesta de alta gama una fuerte mirada sobre la sustentabilidad y el vínculo con el entorno.
Una nueva definición del lujo
Para Tuvio, sin embargo, el principal desafío de la hotelería de alta gama ya no está solamente en las instalaciones.
“El turista de alta gama ya vio esta vista en Italia, en Suiza o en Canadá. Lo que busca es conectar con las personas. Nunca habló con un argentino, nunca tomó un mate. Ahí está el verdadero lujo”, sostiene.
Su mirada refleja un cambio que atraviesa al turismo internacional: menos ostentación y más experiencias auténticas. Una buena habitación, la gastronomía y un servicio impecable siguen siendo indispensables, pero ya no alcanzan por sí solos.
El diferencial aparece en aquello que no puede copiarse: una conversación, una historia local, un sendero patagónico, un producto de la región o un mate compartido frente al Nahuel Huapi.
La historia de Tuvio parece condensar esa misma filosofía. Fue fletero, limpió habitaciones, trabajó durante las madrugadas, fue recepcionista y aprendió a preparar café después de un pedido inesperado de una estrella de Hollywood.
Hoy dirige uno de los hoteles de lujo más reconocidos de la Patagonia. Y quizás por haber conocido la hotelería desde abajo, su definición del lujo termina siendo sencilla: más que opulencia, se trata de personas, experiencias y autenticidad.
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