Se trata de un pequeño café para la vida silvestre que James Vreeland montó en la entrada de su casa en Detroit, Michigan, en los Estados Unidos .
Es un fanático de los animales y hace varios años que tiene la costumbre de dejar comederos para ardillas y pájaros de la zona en los alrededores de su casa. Recientemente, sin embargo -y quizás motivado por el tiempo del que dispone en su casa desde que el coronavirus se convirtió en un problema mundial-, decidió llevar ese gesto un paso más allá y ofrecer a sus vecinos peludos un lugar más lujoso para disfrutar de sus comidas.
Así, en su tiempo libre, creó un café en miniatura con mesas, varios bancos pequeños y colocó los pequeños muebles en su patio con una entrada acogedora . Además, para que la experiencia fuera completa, le dio al nuevo establecimiento un nombre elegante: Maison du Noix – el francés para «Casa de Nueces».
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Eso no es todo. Vreeland diseñó un menú a la medida de sus comensales. Allí ofrece, como entrada, una mezcla de semillas, seguido de pan tostado y maní en su cáscara completa, palitos de pan casero cortados y, como postre, manzanas ablandadas. Como era de esperar, dada la sabrosa variedad, no pasó mucho tiempo antes de que los clientes vinieran a disfrutar la comida que Vreeland les había ofrecido. «A las ardillas y arrendajos azules les ha encantado», dijo Vreeland.
Aunque el proyecto está enteramente pensado por y para los animales, ellos no son los únicos que disfrutan de la cafetería. Es que Vreeland, sus vecinos y quienes accedan a su página en Facebook pueden ver una transmisión en vivo del café mientras los visitantes degustan los platos. Es más, el negocio está creciendo en Maison du Noix, y aunque Vreeland no está obteniendo ganancias, saber que sus clientes peludos y emplumados están felices y alimentados es todo el agradecimiento que necesita.
Fuente: La Nación


