Chubut: los problemas de fondo, al fondo

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La provincia atraviesa desde hace muchos años problemas estructurales que no logra resolver y que la han llevado a perder peso en el orden nacional. Hacia adentro también las crisis del sector público, sumado a la nueva crisis de la zona sur a partir del declive de las cuencas maduras y el “retiro” de YPF de Comodoro Rivadavia, delinean un panorama difícil y preocupante para todos.

En ese marco, con una “caja” cada vez mas ajustada y reclamos salariales al alza, el debate sobre las reformas que se necesitan brilla por su ausencia. Chubut necesita una agenda de cambios que trascienda a un gobierno y que trascienda a sus dirigentes circunstanciales, hoy concentrados todos en peleas intestinas, viejas rencillas, algunos “carpetazos” y poco largo plazo. Si los que gobiernan se agotan en peleas que no son prioridad, los gobernados difícilmente logren vivir mejor.

Los problemas de fondo siguen al fondo de las prioridades. No se visualiza un abordaje del sector energético (¿y minero?) que permita darle esperanza a la región históricamente mas productiva de la provincia, con ingenio y políticas activas a través de Petrominera, impulsos legislativos o el propio Ministerio de Hidrocarburos. La totalidad del arco político ha si impotente de enfrentar lo que representa Vaca Muerta y el recurso no convencional.

Con otros resortes económicos de jerarquía ocurre lo mismo, sea la pesca, que generar millones de dólares en actividad, o el campo chubutense, que en el pasado era motivo de orgullo. Y, sin dudas, donde mas hace falta explorar un cambio de 180 grados es en la reforma del Estado chubutense, el cual, en la hora de la inteligencia artificial y la digitalización de su vida cotidiana, se ha vuelto lento, caro e improductivo.

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Desde el gobernador Ignacio Torres, quien vale decir se encontró con un contexto sumamente adverso agravado por la suspensión de la obra publica hasta catástrofes naturales como incendios de bosques, hasta Juan Pablo Luque, pasando por Cesar Treffinger y otros actores, tienen la obligación de animarse a pensar y coincidir cuestiones centrales para establecer una hoja de ruta común hacia el futuro.

Los problemas de fondo de Chubut requieren grandeza, asumir costos políticos en la transición, y voluntad de las partes de poner por delante de las ambiciones individuales un piso mínimo de acuerdos. Será la “clase dirigente” actual capaz de romper años de inercia (y decadencia) en aras de un porvenir mejor, para el cual necesita también que la justicia sea transparente y que los gremios se adapten a los cambios tecnológicos y los desafíos del mundo del trabajo. Es una incógnita, pero para responderla hace falta comenzar a resolver no la coyuntura, sino los problemas de fondo.

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