Campaña anti salmón: millonarios mesiánicos y el sueño de una Patagonia sin gente

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El artículo sostiene que la prohibición de la salmonicultura en Tierra del Fuego, aprobada en 2021, implicó la pérdida de una oportunidad para diversificar la economía provincial y generar empleo.

Según el autor, mientras en Argentina se frenó el desarrollo de esta actividad por la presión de organizaciones ambientalistas, en Chile la industria continuó expandiéndose con fuertes inversiones, altos niveles de exportación y estrictos controles ambientales.

Como ejemplo, se menciona el crecimiento de la Región de Magallanes, donde la salmonicultura convive con el turismo, la producción de gas y la obra pública. De acuerdo con el artículo, esta combinación permitió mejorar indicadores económicos y sociales, con mayores ingresos por habitante y menores niveles de pobreza en comparación con Tierra del Fuego.

El texto afirma que la salmonicultura chilena se encuentra entre las actividades más fiscalizadas del país y presenta elevados índices de cumplimiento ambiental. También destaca que el salmón chileno tiene una importante presencia en mercados internacionales y forma parte de la alimentación de deportistas de alto rendimiento.

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Respecto de Argentina, el autor considera que Tierra del Fuego reúne condiciones naturales favorables para desarrollar esta industria, como aguas frías y de buena calidad. Sin embargo, sostiene que persisten obstáculos políticos, regulatorios y de estabilidad institucional que dificultan la llegada de inversiones, pese a que existieron conversaciones con empresas chilenas y noruegas interesadas en el sector.

Otro de los ejes del artículo es la actuación de distintas organizaciones ambientalistas internacionales, entre ellas las fundaciones vinculadas al empresario Douglas Tompkins, además de Greenpeace y Oceana. El autor plantea que estas organizaciones no solo persiguen objetivos ambientales, sino que promueven una visión de una Patagonia con menor desarrollo productivo y baja densidad poblacional, priorizando la conservación de grandes extensiones naturales.

En ese marco, se repasa la compra de importantes superficies de tierra por parte de Tompkins en Chile y Argentina y se menciona la influencia de sus fundaciones en proyectos de conservación y rewilding. El artículo también recoge críticas de sectores rurales e industriales que consideran que algunas políticas de preservación afectan actividades económicas tradicionales, como la ganadería, la pesca y el desarrollo de nuevas industrias.

Asimismo, el texto compara la oposición que enfrenta la salmonicultura con la aceptación que tiene la producción de truchas en la Patagonia argentina, señalando que ambas utilizan sistemas de cultivo similares. También menciona el crecimiento de proyectos acuícolas en Neuquén como ejemplo de desarrollo económico basado en esta actividad.

Finalmente, el artículo sostiene que la industria salmonera redujo significativamente el uso de antibióticos, mejoró sus estándares ambientales y mantiene una elevada eficiencia productiva. El autor concluye que la imagen negativa de la actividad responde, en gran parte, a campañas impulsadas por organizaciones ambientalistas internacionales que, según su interpretación, lograron instalar un fuerte rechazo social hacia la salmonicultura, especialmente en la Patagonia.

Fuente: Claudio Andrade, Plaza de Mayo, “Campaña anti salmón: millonarios mesiánicos y el sueño de una Patagonia sin gente”, publicado el 7 de julio de 2026.

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