Cada año, esta fecha busca generar conciencia sobre el uso responsable del agua y alertar sobre la crisis global de acceso a este recurso esencial para la vida.
El agua es un elemento fundamental para la existencia humana y el desarrollo de las sociedades. Desde tiempos antiguos, las civilizaciones se establecieron cerca de fuentes hídricas como ríos y lagos, lo que permitió su crecimiento y organización. Ejemplos de esto son Egipto a orillas del Nilo, los sumerios en torno al Tigris y el Éufrates, o Tenochtitlan en el lago de Texcoco.
A lo largo de la historia, este recurso también tuvo un valor simbólico y religioso. Diversas culturas lo vincularon con deidades, como Tláloc para los pueblos nahuas, Mama Cocha en la cultura inca o Yemayá en la tradición yoruba, asociada a la fertilidad y a los mares.
Con el paso del tiempo, el agua también adquirió un rol clave en procesos como la Revolución Industrial, donde fue utilizada inicialmente en motores de vapor y luego en tareas sanitarias, refrigeración y transmisión de calor. Sin embargo, su uso excesivo y poco responsable derivó en problemas graves que hoy afectan al desarrollo humano.
En la actualidad, la situación es preocupante: alrededor de 1,4 millones de personas mueren cada año por enfermedades vinculadas a la falta de agua segura, saneamiento e higiene. Además, otras 74 millones verán afectada su calidad de vida por estas mismas causas.
El origen de la conmemoración
El Día Mundial del Agua se celebra cada 22 de marzo por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La fecha fue propuesta durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo realizada en Río de Janeiro en 1992. Posteriormente, el 22 de diciembre de ese mismo año, la Asamblea General aprobó la resolución que estableció oficialmente esta conmemoración.
Desde entonces, la jornada tiene como principal objetivo generar conciencia a nivel global sobre la importancia de cuidar los recursos hídricos y promover acciones para su preservación.
Un problema global que persiste
Cada edición del Día Mundial del Agua se centra en un tema específico. La primera, en 1994, estuvo dedicada a la responsabilidad compartida en el cuidado del agua. En 2023, el lema fue “Acelerar el cambio para resolver la crisis del agua y el saneamiento”.
En 2015, los países del mundo asumieron el compromiso de cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6 de la Agenda 2030, que plantea garantizar el acceso al agua potable y al saneamiento para toda la población. Sin embargo, ese objetivo aún está lejos de alcanzarse.
Actualmente, miles de millones de personas no tienen garantizado este derecho: una de cada cuatro no dispone de agua potable segura, mientras que la mitad de la población mundial carece de sistemas de saneamiento adecuados. Además, el 44% de las aguas residuales no recibe tratamiento seguro.
Otros datos reflejan la gravedad de la situación: en el 80% de los hogares sin acceso a agua corriente, son mujeres y niñas quienes deben encargarse de recolectarla. También se estima que el 80% de las aguas residuales se descargan en ríos y mares sin tratamiento, y que para el año 2050 el consumo de agua aumentará un 55%.
Frente a este panorama, la ONU advierte que es necesario acelerar las acciones. Según sus estimaciones, los gobiernos deberán trabajar cuatro veces más rápido para cumplir con las metas planteadas y garantizar el acceso universal al agua.


