Un informe de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera advierte que flotas extranjeras extraen hasta tres veces más recursos que toda la industria pesquera argentina. Especialistas alertan sobre el impacto económico, ambiental y soberano de esta situación.
Una problemática que crece año tras año
Cada 5 de junio, en el marco del Día Internacional de la Lucha contra la Pesca Ilegal, vuelve a ponerse en agenda una problemática que preocupa cada vez más a especialistas y autoridades: la presencia de flotas pesqueras extranjeras en el límite de la milla 201, el borde que separa la Zona Económica Exclusiva Argentina de las aguas internacionales.
Según un reciente informe de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP), entre 400 y 600 buques extranjeros operan anualmente en esta área estratégica del Atlántico Sur. La mayoría pertenecen a China, Corea del Sur y Taiwán, mientras que la flota china incrementó su esfuerzo pesquero en un 85% durante los últimos cinco años.
Capturas que superan ampliamente a la pesca nacional
Los datos reflejan la magnitud del fenómeno. Mientras la industria pesquera argentina desembarca entre 750.000 y 900.000 toneladas por año, las flotas extranjeras capturan entre 1,5 y 3 millones de toneladas anuales.
Esta diferencia genera preocupación debido a que muchas de las especies explotadas son migratorias y forman parte de ecosistemas compartidos con aguas argentinas. Para los especialistas, la extracción intensiva de estos recursos pone en riesgo la sustentabilidad de las poblaciones marinas a largo plazo.
El impacto biológico y ambiental
El presidente de FULASP, Raúl Cereseto, advirtió que el problema no se limita al volumen de capturas, sino también al momento en que se realiza la extracción.
Según explicó, muchas especies son capturadas antes de completar sus ciclos reproductivos, lo que compromete seriamente la renovación de los recursos pesqueros. Esta situación podría afectar la disponibilidad futura de especies comerciales fundamentales para la actividad pesquera nacional.
Consecuencias económicas y geopolíticas
Además del impacto ambiental, el informe señala que la continuidad de este esquema extractivo puede afectar la economía argentina, especialmente en sectores vinculados a la exportación, la generación de empleo y la producción de alimentos.
A ello se suma la cuestión geopolítica relacionada con las Islas Malvinas. Durante 2024 se registraron más de 261.000 toneladas de recursos marinos capturados bajo licencias otorgadas por el Reino Unido, un aspecto que continúa generando debate en torno a la soberanía y el aprovechamiento de los recursos del Atlántico Sur.
Los controles y los desafíos pendientes
En los últimos años se implementaron medidas para reforzar la vigilancia marítima. Entre ellas se destacan las operaciones “Mare Nostrum I, II y III”, desarrolladas entre febrero y abril de 2025, que permitieron aplicar la primera multa electrónica a un buque extranjero, el “Xin Run 579”.
Si bien este avance fue considerado un paso importante en materia de control pesquero, desde distintos sectores sostienen que aún son necesarias políticas más amplias que incluyan mayor inversión en vigilancia marítima, cooperación internacional y fortalecimiento de los organismos encargados de proteger los recursos pesqueros argentinos.
Un recurso estratégico para el futuro
Especialistas coinciden en que el desafío no se limita a la protección del calamar, el langostino u otras especies comerciales. Lo que está en juego es la capacidad futura del país para preservar uno de sus recursos naturales más importantes y garantizar el desarrollo sostenible de una actividad clave para la economía nacional.
La protección del mar argentino continúa siendo uno de los grandes desafíos del Atlántico Sur y una cuestión que combina aspectos ambientales, económicos y de soberanía.


