En una jornada donde la memoria y la emoción suelen a flor de piel, el destino decidió escribir un capítulo de justicia poética en Comodoro Rivadavia. Adriana Pereyra, viuda del veterano de la Fuerza Aérea Argentina Rodolfo Schmal, recuperó la medalla de guerra de su esposo, la cual había sido robada recientemente, en un marco que parece haber sido trazado por el orgullo y la historia.
La entrega se realizó el 1 de abril, en la víspera del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, precisamente en la Plazoleta del Avión, un sitio cargado de simbolismo para quienes formaron parte de la familia aeronáutica durante el conflicto de 1982.
Un tesoro que trasciende lo material
Para Adriana, la pérdida de la condecoración no era solo el robo de un objeto de metal; era una herida abierta en la memoria familiar. La medalla posee un valor sentimental incalculable, ya que fue entregada con carácter post mortem, tras el fallecimiento de Rodolfo hace ocho años.
»Me dolió mucho porque la medalla fue entregada post muerte. Sentía la responsabilidad de cuidarla para mis hijos, mis nietos y las generaciones futuras», expresó Adriana conmovida.
Un encuentro con la historia
La recuperación tuvo ribetes cinematográficos. El aviso llegó por parte del comisario de la Comisaría de Km 8, quien informó el hallazgo del objeto. La entrega oficial se coordinó para la mañana del 1 de abril en la Plazoleta del Avión, un lugar que no fue elegido al azar.
El acto de entrega ocurrió junto al busto del soldado Bordón, un hecho que cerró un círculo histórico doloroso y heroico a la vez:

- El vínculo: El soldado Bordón pertenecía a la tropa de Rodolfo Schmal.
- El hallazgo: Fue el propio Schmal quien, durante la guerra, encontró el cuerpo de Bordón tras el ataque en el que este último perdió la vida.
»La verdad que son muchas sensaciones juntas en un día tan especial. No me esperaba recuperar la medalla; a quien la acercó se lo agradezco, porque hizo el día mucho más especial», manifestó Adriana.
Vivir la guerra desde dos frentes
La historia de Adriana es, en sí misma, un testimonio de la resiliencia argentina. Durante 1982, su vida estuvo marcada por la dualidad del sacrificio: - Como esposa: Aguardaba el regreso de Rodolfo, enfrentando la incertidumbre de la batalla.
- Como profesional: Se desempeñó como enfermera de guerra en el hospital, asistiendo a los heridos que llegaban del frente.
- Como madre: Todo esto mientras cuidaba de su hijo Leo, quien era apenas un bebé recién nacido cuando estalló el conflicto.


