La Ciencia con viento en contra.

12 minuto leer
0
193

Por Ignacio Cretini

Becario doctoral CIT Golfo San Jorge/CONICET

El último jueves trabajadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), bajo el lema “Sin ciencia y tecnología no hay futuro”, se manifestaron frente al Congreso Nacional para reclamar por los recortes en el presupuesto y otras problemáticas del sector. Esta movilización fue acompañada por protestas similares en diferentes Universidades del país, incluida la Universidad local (UNPSJB) donde se realizó una feria de Ciencia abierta a la comunidad, muestra de los trabajos que realizan los investigadores y charlas abiertas.

En un contexto de elevada inflación, ajuste de tarifas y caída del nivel de actividad, este escenario obviamente implica un empeoramiento de las frágiles condicionas materiales del conjunto de Universidades Nacionales, y la comunidad científica y académica en un sentido amplio (investigadores, docentes, alumnos y personal no docente). Sin embargo, este hecho tan contundente parece no ser argumento suficiente para contrarrestar otros argumentos y nociones que logran instalarse en la opinión pública (“ciencia ¿para qué?”, “los investigadores no son trabajadores”, etc.) para deslegitimar el reclamo sectorial. En este sentido, esta nota busca responder a ciertas preguntas elementales, que están en la base de la discusión, pero implícitamente nos hablan del modo de desarrollo actual.

En primer lugar, ¿Argentina es un país que gasta mucho en Ciencia y Tecnología? Para responder esta pregunta, tomamos un indicador de insumo en Ciencia y Tecnología básico: los esfuerzos (gastos) estrictamente en investigación y desarrollo (I+D) en relación con el Producto Bruto Interno (PBI). Argentina destinó en total (sumando todas las fuentes de financiamiento) un 0,53% de su ingreso a estas actividades en 2016, reflejando una contracción respecto del año 2015 (0,61%). ¿Esto permite saber si el gasto era muy alto y se redujo a valores aceptables o, era bajo y se contrajo aún más? Para ello, es útil la comparación con otros países. Comenzando con países de la región, para igual año Colombia destinó 0,27%, Chile un 0,36%, Uruguay 0,41% y México 0,50% y, Brasil en el año 2015 (último dato disponible), destinó 1,28%. Si ampliamos a algunos países de ingresos altos o desarrollados, en el año 2016 Canadá gastó 1,60%, España 1,19%, Portugal 1,29%, Estados Unidos 2,74%. Es decir, Argentina se ubica por encima del resto de los países vecinos (sólo detrás de Brasil), pero todavía está muy lejos del grupo de países de ingresos altos o desarrollados[1]. En particular, ¿el Estado argentino gasta mucho en estas actividades? En 2016 el Gobierno (descontada la Educación Superior) gastó en I+D un 0,39% del PBI. En este caso, nuevamente superó el promedio de América Latina y el Caribe (0,23%), pero estuvo lejos de países como España (0,56%) o Portugal (0,57%) y, más aún, de los países en la frontera del conocimiento, como Estados Unidos (1,71%). Segunda conclusión, el Estado Argentino gasta poco en Investigación y desarrollo.

También cabría preguntar si éste gasto es proporcional a la cantidad de investigadores del país. Observando el gasto en I+D total del país dividido por la cantidad de investigadores, Argentina gastaba 56.440 dólares (expresados en dólares de Paridad de Poder de Compra) en 2016, mientras que Chile destinaba u$s 107.318, Colombia u$s 141.576, Uruguay u$s 115.742 y América Latina en promedio destina u$s 123.948. Por lo tanto, el gasto por investigador en el país es muy inferior al promedio regional. Una rápida contra argumentación podría ser que hay una proliferación de investigadores en el país y, por lo tanto, debería ajustarse la cantidad de investigadores. Pero, en el año 2016 en Argentina había poco más de 3 investigadores cada mil integrantes de la población económicamente activa (es decir, la fuerza de trabajo). Este guarismo superaba a países de la región, como Chile (1), Colombia (0,2), Uruguay (1,2), y el promedio de América Latina y el Caribe (1), pero estaba muy lejos de España (5,5), Portugal (7,9) o Canadá (8,8).[2] Tercera conclusión, todavía faltan investigadores.

Pero ¿cómo se asocia el gasto en I+D con el desarrollo productivo? Al respecto hay mucha literatura, y basta con ver un gráfico entre lo que destinan a I+D/PBI los países y la complejidad de su estructura productiva (medida por el peso de las manufacturas de media y alta tecnología per cápita), para ver que existe una clara relación positiva y exponencial[3]. Es decir, no hay desarrollo productivo sin inversión en ciencia y tecnología. En el caso de países periféricos o atrasados tecnológicamente, el mercado no demanda tecnología y, por lo tanto, el Estado asume un papel muy importante como usuario avanzado de tecnología y promotor del cambio tecnológico. Por otra parte, la contracara de los países con economías diversificadas y estructuras productivas complejas es que el ingreso se reparte de forma más equitativa entre sus habitantes; o sea, no se concentra en pocas manos. Esto desalienta las conductas especulativas o rentísticas y, retroalimenta la inversión en ciencia, tecnología e innovación.

Los datos presentados nos permiten ver la situación en la que se encuentra la Ciencia y la Tecnología en Argentina y, por lo tanto, inferir que es necesario avanzar en una dirección diametralmente opuesta a la que el Gobierno Nacional propone, para desarrollar la economía. Pero, más allá de los datos, es fundamental defender el sistema científico-tecnológico y sus instituciones porque, aun con sus múltiples problemas y limitaciones, es una herramienta fundamental de inclusión social, difusión y democratización del conocimiento. En particular, la Sede Comodoro Rivadavia de la UNPSJB es una clara muestra de ello.

 

[1] La información fue extraída de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT). Si realizamos el mismo ejercicio con datos de Gasto en Actividades Científicas y Tecnológicas sobre PBI, los guarismos de Argentina no cambian sustancialmente y se mantiene la distancia con países de la región y resto del mundo.

[2] Dato para el año 2014.

[3] Esta información se extrajo de un trabajo de Cimoli, M. y Rovira, S., Elites and Structural Inertia in Latin America: An Introductory Note on the Political Economy of Development, del Journal of Economic Issues, Vol. 42, No. 2, (Jun., 2008), pp. 327-347.

Cargar más noticias relacionadas
Cargar más noticias de Editorial

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1 × 4 =

Mirá también

Editorial: Rada Tilly y la historia de las falsas promesas de obras.

Una cancha de hockey, un super gimnasio inflable para el CART, una pileta de natación muni…