Gastón Salas, el ganador de Bake Off: “Voy a invertir el premio en irme a estudiar pastelería en Europa”

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Repasa sus comienzos como pastelero precoz en Comodoro Rivadavia. “Llegaba a la escuela sin dormir por quedarme de noche haciendo tortas”, revela el joven de 19 años. Además, destaca el apoyo de sus abuelas, comparte sensaciones de la gran final y sueña con tener su propio programa de cocina para chicos.

Cuando era chico, Gastón Salas (19) prendía la tele para ver programas de cocina en lugar de dibujitos. “Tenía seis años y me compraba libros y revistas de pastelería. Miraba cocinar a mis abuelas. Jugaba con plastilina –como si fuera pasta ballina– para armar muñecos. En las fotos de los cumpleaños me ves siempre al lado del que cumplía. No porque fuera mi mejor amigo… ¡sino porque quería ver de cerca la decoración de la torta!“, cuenta el primer ganador de Bake Off Argentina, el gran pastelero, el reality de Telefe. Su consagración –emitida el domingo 24, aunque grabada hace unos meses– alcanzó los 18 puntos de rating.

Fue muy emocionante. Mil imágenes pasaron por mi cabeza. Pensé en todo el esfuerzo… En cuando llegaba a la escuela sin dormir por quedarme de noche haciendo tortas“, rememora Gastón mientras aprovecha cada minuto libre para contestar los mensajes de afecto que le llegan por las redes.

En Lincoln Kitchen & Bar –French 3131, Capital– cada recuerdo de lo vivido termina con una sonrisa y queda claro que es mucho más alto y grandote de lo que parece en la tele

¿Cuándo empezaste a ganar plata vendiendo tus tortas?
–A los doce. Las cocinaba y vendía para comprarme batidoras y elementos de cocina. Mi abuela también me ayudaba. Porque hacer pastelería es caro. ¡No me hice rico! Pero reinvertí cada peso que fui ganando. Así pasé la secundaria. Mi primer boom fue la torta de colores. Un bizcochuelo con crema y capas de diferentes tonalidades. Además, hice mil tortas con forma de camiseta o pelotas.

 Gastón Salas nació en Comodoro Rivadavia el 28 de enero de 1998. Se crió en el barrio San Cayetano y vive con su familia en el núcleo de la ciudad chubutense. Es el segundo de cuatro hermanos –Matías (22)Thiago (12) y Mía (8)– y el hijo estrella de mamá Mónica –ama de casa– y papá Mariano, que trabaja en la industria petrolera, como tantos vecinos.

Quiero volver a Comodoro para festejar con mi gente“, asegura el joven, que llegó a Buenos Aires para participar del programa y se instaló acá mientras duró.

“Primero estuve con mi hermano y mi abuela. Después, con mi tío. Para la final, con toda mi familia“, detalla. Fueron justamente sus abuelas vitales en su pasión por la pastelería. “Cristina y Mabel. Cocinaban juntas. Jamás voy a olvidar las tortas que me hacían…Una vez, Cristina me sorprendió con una de Teletubbies. Y Mabel, con una de soldaditos de vainilla y chocolate”, comenta el pastelero, agregando que no está de novio. Y ríe: “¡Soy libre!”.

¿Cómo se te ocurrió anotarte en Bake Off Argentina?

Vi la última llamada al casting y completé la planilla sin expectativas. Me llamaron a los dos días. Saqué un pasaje y me vine. Hice tres castings. Estaba de vuelta en Comodoro cuando recibí el mejor llamado de mi vida. ¡No podía creerlo! Tampoco me daba cuenta de lo que vivía cuando grababa… ¡Recién caí cuando me vi en la tele! Ahora sueño con tener un programa de cocina para chicos. O ser convocado para probar platos en un nuevo Bake Off Argentina.

–¿Qué aprendiste de Christophe Krywonis, Damián Betular y Pamela Villar, los chefs del programa?

–A ser muy exacto. Súper limpio. A trabajar con buenos ingredientes. Y a no derrochar nada. Christophe me retaba si usaba la clara y tiraba la yema. Damián me marcaba las cuestiones estéticas. Y Pamela te corrige de una manera tan dulce que te dan más ganas de seguir aprendiendo. Mucha gente ve la evolución de mis tortas y me dice: “¡Pero vos estudiaste!”. Y la verdad que no. Llegué hasta acá sólo con práctica.

¡¿Nunca estudiaste nada de pastelería?!

–Nada. Todo es resultado de ver videos, leer libros y practicar mil quinientas horas. Las tortas no salen de una. Y la pastelería es pura innovación. En la Argentina hay muy buenos productos. A veces no lo valoramos, pero tenemos todo para ser los mejores del mundo haciendo tortas.

–¿Qué vas a hacer con los 500 mil pesos del premio?

Los voy a invertir en irme a estudiar pastelería a Europa. Francia es la cuna, pero el idioma es muy rebuscado. Quiero ir primero a España. Y además, aprender inglés. Eso me va a abrir puertas. Voy a estudiar, para volver a mi país y demostrar que de la Argentina pueden salir grandes pasteleros.

Por Ana van Gelderen.

Fuente Infobae.com

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