En kayak por la Antártida

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Fue la primera vez que se unieron todas las islas del archipiélago con este tipo de embarcación. Dos chilenos y un español navegaron 11 días.

Un equipo de tres kayakistas culminó la primera expedición de largo aliento en el archipiélago antártico que conforman las islas Shetland del Sur. Navegaron entre 20 y 30 kilómetros diarios sin ningún tipo de apoyo externo.

Los chilenos Cristián Donoso y Exequiel Lira y el español Roger Rovira regresaron a Chile continental esta semana tras once días de navegación bajo unas condiciones climáticas extremas. El deseo de convertirse en los primeros en unir las distintas islas del archipiélago en kayak y el anhelo por contemplar la belleza de esos remotos parajes los motivó a emprender la aventura.

“Se trata de una zona poco visitada, con muchos islotes y de difícil acceso para las embarcaciones grandes, por lo que todo tenía un aura de inexplorado”, dijo Donoso, jefe de la expedición y el deportista que más millas náuticas remó en la Antártida.

Los kayakistas unieron la Isla Livingston, Isla Greenwich, Isla Barrientos, Isla Robert, Isla Nelson e Isla Rey Jorge. Tuvieron que enfrentarse a vientos de más de 20 nudos y olas largas de cinco metros en uno de los lugares más inhóspitos y desolados del planeta.

La expedición no contaba con ningún tipo de apoyo externo, lo que forzaba a los deportistas a ser autosuficientes y a resolver cualquier tipo de dificultad que se pudiera presentar. Cada uno cargaba con dos bengalas, dos teléfonos satelitales, además de salvavidas con radio, mapas, cuchillo, silbato y todos los elementos que iban a necesitar durante su travesía, como la carpa y la cocina eléctrica.

En algunos momentos necesitaron reforzar los víveres. Por ejemplo, al llegar a un pequeño asentamiento llamado Pelican aprovecharon para conseguir comida. Hablaron con una compañía de hidroaviones que se las hizo llegar desde Sitka por vía área. Entonces sí, cargaron en los kayaks todos los alimentos y siguieron su camino.

“Debíamos tener todos los recursos necesarios dentro del espacio limitado de los kayaks. No obstante, nunca se puede estar ciento por ciento seguro, por lo que es importante ser muy flexible y tener mucha imaginación para improvisar soluciones con medios limitados”, recalcó Donoso.

Por su parte, el español Roger Rovira contó en su sitio Web que debieron llevar “un elemento clave” para protegerse “del animal más terrible que habita estas tierras: el mosquito”. Tuvieron que ponerse en la cabeza una red cada vez que llegaban a tierra firme, “mientras una nube de insectos nos persigue impertinente a la búsqueda del más mínimo resquicio de carne desprotegido para acribillarlo sin compasión”, relata.

La hipotermia constituía el mayor riesgo de la expedición. Los deportistas estaban equipados con trajes impermeables, aislantes térmicos, termos con agua caliente y mantas de supervivencia por si alguno de ellos caía al agua. A pesar de que las temperaturas no bajaron de los 0°C, las fuertes rachas de viento hacían que la sensación térmica fuera de -15°C.

Es precisamente esta conexión íntima y directa con el entorno lo que empuja a Donoso a seguir realizando expediciones en lugares tan remotos como la Antártida, donde ya navegó 1.500 kilómetros en esta pequeña embarcación.

“No busco sentir adrenalina, el riesgo no me resulta atractivo. Busco conectarme con esa naturaleza salvaje y fluir con ella. Para mucha gente hacer algo parecido a esto es espantoso, pero a mí me hace inmensamente feliz”, concluye el aventurero.

 

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